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2 de noviembre

2 de noviembre

2 de noviembre cuento de Lex Bena

Escuché sus pasos, mis tías bajaban por la escalera de metal y las vi: cargaban las bolsas negras con mis perras muertas; podía ver la pequeña silueta de sus lomitos porque se marcaban por el peso, como un saco de canicas. Nadie me dijo nada, pero yo sabía que era mi culpa, nadie me había hablado del tema directamente —no es que tuviera con quien hablar de todas formas— pero lo intuía, había visto muchas películas. 

Jamás en mi vida había chillado tanto. Esa noche lloré con la
cara en la almohada, mordiéndome el labio para no hacer ruido, sangrando y ahogando mis gemidos en la funda, después le eché la culpa a una hemorragia en la nariz. Todo cambió a partir de ahí. Ese fue el día en que morí, el día en que salté.

Mi papá me miraba a través de las velas. En la mesa estaba toda la comida que
recordaba que era mi favorita: pollo, pan dulce, atole, los dulces de leche que me volvían loca, pero más los que tenían una nuez arriba, ¡podría comerme 10! Y una foto de cuando tenía 8 años, sonriente y sin un diente, ya no me reconocía.
—¿Por qué?
—Para irme con mis perritas, eran lo único que me alegraban el día en esa época.
—¿Las envenenaron tus vecinos?
—No, te lo acabo de contar, yo las maté. Las subieron hasta el tercer piso y me daba miedo subir con el costal de comida, era muy pesado. Pedí ayuda y no me hicieron caso.
—Tenías miedo a las alturas, pero ¿saltaste?
—Fue como mi manera de castigarme, pa. Suena chistoso ahora que lo pienso.
Irónico, ¿no? me lo merezco.

Recordé la fogata del año pasado, la música, la comida y las siluetas de los
espíritus que vimos alrededor de la ofrenda y también de La Catrina que vivía en la casa de mi abuela, que asustaba a todos menos a mí.

—Al principio me dio mucho miedo, pero ya del otro lado es diferente. Hay calma,
juego todo el tiempo y La Catrina a la que tanto le tenían miedo me cuenta su
historia, aprendo mucho y soy libre. Aunque está bien que de vez en cuando nos
podamos ver y comer juntos, ¿no? Por cierto, ellas te mandan saludos.

Y varios ladridos hicieron eco por la casa abandonada…

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