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A un mes de #UnDíaSinNosotras, una reflexión desde Londres

A un mes de #UnDíaSinNosotras, una reflexión desde Londres

Diana M.
8mméxico

Llevo medio año viviendo en Londres y seguí el paro del 9 de marzo a la distancia. Empecemos por saber que no me gustan las etiquetas. Me incomoda que la gente se haga una opinión de mí sin conocerme y las etiquetas sirven bien para eso.

El 8 de marzo, por ejemplo, tiene muchas etiquetas para las mujeres que van desde los elogios por ser luchonas, hasta las críticas por ser subversivas. Pero este año el 9 de marzo probó ser un evento inédito, sin etiquetas preestablecidas, que dio una perspectiva fresca del pulso detrás del 8M en México.

Pensé que me tendría que esperar hasta las 2pm de Londres para empezar a enterarme de qué pasaba a las 8am de México, pero no fue así. A las 6am tenía en mi bandeja el e-mail diario de la BBC News y hasta arriba, marcada como Top News Stories, estaba la noticia de la marcha por el Día Internacional de las Mujeres en la CDMX.

La nota hablaba del enfrentamiento entre protestantes y policía. Luego el subtítulo: “¿Por qué las manifestantes están enojadas?” Y el artículo seguía con la mención del índice de diez feminicidios diarios, del gobierno acusado por su falta de medidas y del llamado al paro nacional de mujeres que se llevaría a cabo ese lunes 9 de marzo.

Sentí una punzada de orgullo… el mundo estaba mirando. Un link dirigía a otro artículo que hablaba específicamente del paro y ahondaba en casos de feminicidios; también citaba comentarios de AMLO y del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

Las denuncias por la violencia de género estaban haciendo eco en la prensa internacional. Sentía un placer macabro al ver cómo las respuestas indiferentes del gobierno estaban evidenciadas en esas notas (aunque estuvieran redactadas con una semi-neutralidad “reporterísticamente correcta”).

Al mismo tiempo, me sentía atontada por el tono descriptivo del artículo. En México tenemos tan incrustado el machismo en nuestro día a día, que nadie nos tiene que explicar por qué estamos tan enojadas, qué significa el término ‘feminicidio’ ni cómo se manifiesta la ineptitud e impunidad de autoridades y agresores, respectivamente. Nadie nos tiene que explicar el machismo porque (y me duele mucho escribirlo) México es machismo. 

El Día Internacional de la Mujer está consolidado como una fecha para promover y enaltecer la equidad de género. Pero esa consolidación es un arma de dos filos: por un lado, es una plataforma desde donde podemos alzar la voz. Por el otro, el hecho de haber  iniciado hace cien años le resta el boom de la novedad. El paro del 9 de marzo fue ese boom en México. Este llamado ofreció una perspectiva fresca sin las etiquetas retadoras o condescendientes que suelo (solemos) recibir el 8M. 

En el Reino Unido el movimiento tiene su propio énfasis. En Londres escuché llamados en contra de la misoginia y a favor del balance en la representatividad del Parlamento, así como de la equidad de género en salarios. Pero yo más bien estaba mirando hacia México y lo que veía me dejaba conmovida e indignada a la vez.

Por una parte, vi mujeres cantando al unísono, periodismo empático y una voluntad inspiradora para crear consciencia. Pero también veía los comentarios esquivos del gobierno, la ineptitud del sistema y el engranaje machista detrás de todo. 

Del sufragismo al presente

La noche del lunes tenía un boleto para ver una nueva versión de Casa de Muñecas (H. Ibsen) en Young Vic Theatre, uno de los teatros más conocidos de Londres. Fui con una suerte de euforia/ira contenida. Estaba buscando catarsis y esta obra −renombrada Nora: A Doll’s House y adaptada por Stef Smith− prometía el repaso de tres oleadas feministas: las sufragistas de 1918, la liberación sexual de 1968 y Escocia en el presente, (aunque el hoy era 2018, manteniendo la armonía de los ochos). 

La obra mantiene el retrato que Ibsen trazó de Nora, personaje que juega de acuerdo a las reglas de una sociedad en la que el hombre se posiciona como el honorable guardián del hogar. En la trama original, Nora salva a su familia de la bancarrota a través de un préstamo que mantiene en secreto. Años después alguien amenaza con revelar su pasado, lo cual provocaría la deshonra de Nora y de la familia.

La posibilidad de ser descubierta hace que se pregunte si valió la pena tomar el riesgo por esa clase de vida: subestimada por los hombres que la rodean, juguete de todos y sonriendo como una esposa-muñeca que antes fue una hija-muñeca y ahora es una madre-muñeca que piensa (o pensaba) que esa “casa de muñecas” era la única posibilidad en su vida.  

Ibsen escribió esta obra para la Noruega de 1879 con la intención de abogar por los derechos humanos a través de la liberación femenina. En la nueva versión que vi ese 9 de marzo, el personaje de Nora estaba desdoblado en tres mujeres para mostrar los reflejos de la determinación femenina en diferentes periodos.

Así pues, Nora: A Doll’s House da cuenta del autodescubrimiento de tres mujeres que bien podrían ser una misma, y nos muestra la influencia que el viaje individual de cada una tiene en la batalla a favor de todas. Las tres Noras se perciben entre sí, conocen sus historias.

La línea imaginaria que divide un tiempo/espacio de la otra se disuelve para representar una sororidad atemporal y una lucha permanente que, sin embargo, es propia de cada contexto. Hay una noción de cambio eterno, siempre posible pero escurridizo, y una gran voluntad de por medio.  

Detrás de mí escuchaba la voz de una mujer que asentía en la escena en la que Nora(s) reprocha (tanto a su esposo como a sí misma) la falta de agencia en sus decisiones y de la voluntad necesaria para cambiar esa dinámica.

Esa mujer detrás de mí, pensé, se encontró a sí misma en el teatro. Me imaginaba los diálogos de la obra (incisivos y claros) como piedras haciendo sapitos en su mente, creando ondas de diálogo interno. Pero después del blackout final sentí que YO no me encontré. Reconozco que la obra es impecable, cautivadora y refleja el pulso de una causa. Pero no me encontré en Young Vic Theatre porque:

En México la lucha no está enfocada solo en la equidad financiera o el derecho a los anticonceptivos, está enfocada en la seguridad de las mujeres. En la vida misma de las mujeres. Esas fueron las noticias que el teatro me trajo esa noche de mi pulso individual y social. 

No es secreto que en México hay una cultura de machismo. Y es un machismo muy amargo. Empecé diciendo que en México no nos tienen que explicar qué significa eso. Pero no es totalmente cierto. Sí tenemos que explicarlo porque hay un machismo inherente en la educación de nuestra sociedad que reproducimos incluso sin darnos cuenta, tanto hombres como mujeres.

Hay que señalarlo y trabajar todos los días para erradicarlo. La división de las labores domésticas, los chistes “inocentes” de machos y de viejas locas, la retórica del mensaje que todavía este 2020 me felicitó porque soy ”una flor hermosa y tierna, el ser más perfecto de la creación…”. No fue un envío malintencionado, pero hay un subtexto indulgente que sirve como ejemplo de los puntos ciegos que encontramos en lo cotidiano. Así que la contienda que yo veo este 2020 en la Ciudad de México, es otra. 

Hay muchas Noras, muchos escenarios y muchas voluntades de cambio. Mi hermana me dijo que le hubiera gustado que estuviera ahí, viviendo el paro con ella y enseñándole juntas a mi sobrino bebé a ser un hombre sensible y respetuoso. Lo que sí encontré esa noche desde el lente inglés −tanto en la prensa como en el teatro− fue un mensaje de sororidad omnipresente que quiero compartir desde aquí junto con la agudeza de una última línea llena de posibilidades que Anna Russell-Martin entregó viendo al público de frente: “A woman leaves her house, and just…”  

Ver Comentario (1)
  • “Hay una noción de cambio eterno, siempre posible pero escurridizo, y una gran voluntad de por medio. ..” CÓMO EN LAS CIENCIAS NATURALES, UNA FUERZA ES NECESARIA PARA ROMPER EL ESTADO DE REPOSO O MOVIMIENTO DE LA MATERIA. en este caso, el efecto de la Gran Voluntad es la noción de cambio eterno. Hasta las placas tectónicas ceden al magma viscoso y escurridizo… MMM.

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