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Teatro en casa: “Un beso en la frente”, de Esther B. del Brío

Teatro en casa: “Un beso en la frente”, de Esther B. del Brío

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“Una se acostumbra a todo. Pero es más fácil acostumbrarse a estar donde no te lastiman”

Aunque las personas estemos alejadas unas de otras este año, todavía estamos decididas a enaltecer la importancia que el 8 de marzo tiene para las mujeres de todo el mundo. En ese tenor, nuestras conexiones en el 2021 han podido trascender lo local gracias a la moda obligada que adquirieron las plataformas virtuales.

Adriana está en Madrid y yo en Londres, pero nuestras miradas estuvieron en el Centro Cultural de la FES Acatlán durante la transmisión en vivo de “Un beso en la frente”, obra de teatro dirigida por Isabel Toledo, y uno de los diversos eventos en línea que Teatro UNAM organizó para el 8M en alianza con TV UNAM

Un beso en la frente adaptada por Jimena Eme Vázquez del libro homónimo de Esther B. del Brío, nos cuenta de la violencia de género que Ana vive durante años. La obra es un autorretrato narrado por tres voces: hija, madre y abuela. Todo comienza con un primer beso y un matrimonio precipitado, a lo cual siguen años de abuso y violencia física que Assira Abbate y Tae Solana relatan alternándose para habitar los tres roles que muestran la historia del matrimonio de Ana. 

La historia empieza despacio, pero después Assira y Tae representan juntas a una Ana, quien se desdobla para lanzar una ráfaga de declaraciones sobre todo lo que la fuerza centrípeta de la violencia de su matrimonio revoluciona en su vida: se aleja familia y amigos, trabaja intensamente para olvidar el dolor en casa, tolera gritos, adquiere una vida solitaria… hasta que cierto evento deja a Ana en estado de coma. Y entonces la historia frena su ritmo otra vez para mostrar a una Ana que vuelve a sí misma poco a poco, ocho años después. 

Ambas actrices con overol grisáceo y botas negras intercambian papeles con una sintonía meticulosa para conversar entre sí o interactuar con personajes invisibles. Y así, la obra se despliega con ambas creando combinaciones y figuras caleidoscópicas que embonan a la perfección: madre y Ana hablando del futuro esposo/ Ana de mirada y voz mudas durante los años de coma/ hija contándole a Ana de su padre/ hija hablando de casa con su profesora en la escuela… 

Los tonos neutros que vemos en el escenario ─el sofá verde o la ropa de colores claros─ son como guiños al letargo de la vida de alguien que se encierra en sí misma. Pero el follaje de verde intenso con grandes flores anaranjadas que serpentea en el papel tapiz al fondo me transmite calma, como infundiéndome aliento para seguir escuchando la historia. Adriana sintió lo mismo con el ambiente sonoro que las actrices creaban en vivo y que, aunque no era tan envolvente por la transmisión remota de la obra, generaba una atmósfera dulce que la sacaba del infierno que estaban narrando (sus palabras exactas). 

“Ya basta de ir por la vida negando lo que nos duele”

Esta obra muestra un caso de violencia visible, me dice Adriana. Aquella que deja marcas y moretones. Pero hablamos de cómo la trama también da la oportunidad de reflexionar en los otros tipos de violencia, aquellos que no dejan rastros palpables. O los casos que se generan más sutilmente por la herencia social de un machismo normalizado. O también ciertos mitos dañinos de amor romántico. Lo importante es que historias como ésta abren los temas de conversación. En cierto punto Ana reflexiona sobre esa vida centrípeta de violencia de pareja que rápidamente se convirtió en una costumbre en su hogar. Las heridas sanaban, pero dejaban una huella profunda dentro de ella: “Todo sanaba y yo no sanaba de sentirme insignificante”, así que al no poder sanarse ella, dejó de tratar de sanar lo otro.

“La más retorcida de las convenciones: así es la vida”

Hablar de violencia de género en casa ha adquirido una relevancia lamentable durante los periodos de confinamiento por el COVID-19. En Inglaterra, las excepciones en las guías de cuarentena incluyen salir de casa para escapar de abuso doméstico; según Sky News, las estadísticas muestran que es más probable que mujeres sean víctimas de homicidio en casa (77% en 2020) que en espacios públicos, y en los casos en los que se identifica a un sospechoso, 46% son una pareja o ex pareja. 

En España, el Ministerio de Igualdad registró 45 mujeres víctimas mortales por violencia de género a manos de sus parejas o ex parejas durante el 2020. En México y según la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en el 2020 las llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de violencia contra la mujer aumentaron a nivel nacional un 23.9% respecto al año anterior. También aumentaron 4.49% lo presuntos delitos de violencia familiar, una tendencia que ha ido en aumento desde el 2015.  

Un beso en la frente se estrenó en el 2019 como un proyecto itinerante que se presentó en planteles de preparatoria y CCH de la UNAM. A inicios del 2020 tuvo una temporada abierta al público en el Teatro Juan Ruíz de Alarcón de la CDMX. Durante la transmisión de este 8 de marzo, una mujer compartió en la barra de comentarios: “Esta obra me ayudó a salir y a denunciar a mi ex pareja violenta. Me devolvieron la vida”. El impacto de compartir historias es invaluable, pensamos Adriana y yo, ya sea una obra ante un público joven o mediante conversaciones como las que se dan en espacios privados. 

 Ana decidió nombrar a su hija Eva. La primera mujer. Y también decidió evitarle dolor sobre la verdad de sus golpes. Pero entonces Eva no supo de dónde venían las heridas que marcaban su vida y estuvo en el borde de replicarlas. Vale la pena repetirlo: el poder de compartir historias es invaluable para darnos piso y abrir cielos. Sentirse sola no es lo mismo que estar sola. No lo estamos. Poner el tema sobre la mesa puede darnos perspectivas nuevas. Puede regalarnos instrumentos de contención y aliento para devolver más vidas.

“Ya sé de dónde vienen las heridas. Las cicatrices que tengo son las definitivas”

“Un beso en la frente”, de Esther B. del Brío 

Adaptación: Jimena Eme Vázquez

Dirección: Isabel Toledo

Escenografía y vestuario: Natalia Sedano

Diseño sonoro: Diego Espinosa

Reparto: Assira Abbate y Tae Solana 

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