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Cuatro poemas de Paulina Z.

Cuando el sol mancha de sombra tus paredes y azota las ventanas con rayos de lluvia, la sal precipita en tu mirada:

dos charcos jugando a ser abismos, o dos pozos casi sin agua con el cielo en el fondo.

Vista fija de oscuridad al mediodía.

Cuando el viento distrae las siluetas de tu cabeza y abre paso a las corrientes heridas,

se impacienta la distancia del cuerpo y su peso,

cae,

se arruina

en nombres

impronunciables.

que se vuelven avispas en el tiempo,

evaporados en nubes que desaparecen

apenas friccionando un pedazo de carne.  

Porque lo que nos toca es, a veces, un espectro,

un hilo de saliva que pende del grito nunca emitido.

Gravedad

Aviento mi nombre por la ventana.

Náufrago en el viento

se enreda en las cuerdas,

en el cabello de una sombra.

Acaricia el cemento,

suelas, ramas

y pupilas.

No es la voz con alas,

es la máquina sorda del mundo.

Gravedad

lámpara de mi pecho.

Aviento mi nombre por la ventana

y no vuela.

La mujer avestruz

Inundo manos violetas

que juegan a no encontrar la salida

en este cuerpo laberinto.

Avestruz me clavo en los hoyos negros

del cerebro y me pierdo en el tiempo

de lugares no escogidos.

Salvé a más de un jardín en época de sequía,

pero no pude salvar mi isla de la marea.

Ahora un campo de silencios se ahoga

en los corales de la memoria invertebrada.

Me miro sin ser otra, siempre la misma,

en las nubes espejo.

Y sin embargo, esas manos no me pertenecen,

pero no puedo deshacerme de ellas,

arrancaron las plumas del pájaro infancia

para estropear su vuelo.

Recargo mis pestañas sobre humos pesados

de insomnios y me desmayo

en sueños despiertos de sus dedos sobre mi cuerpo.

Una luz recoge el viento de mis huesos

y mis largas piernas se escapan

a días blancos.

Mujer avestruz levanto el cuello

con lombrices en la boca,

reconstruyo el laberinto

y busco mi propia salida.

Instante vértigo

Se levanta el mar

equilibrio entre el viento y gravedad.

Venados blancos

al borde del instante,

ascensión ilusoria al infinito.

Tiempo

Asfixia del impacto.

Galopan ingenuos

el espiral de nada.

Sigue leyendo – De la idea de no saber escribir: poemas de Nymphe.

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