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Devadasis: de bailarinas sagradas a sufrir explotación sexual

“Ofréceme el jugo del néctar de tus labios, oh coqueta, resucita como a un muerto a tu esclavo; su corazón está absorbido por ti; el fuego de la separación hace arder su cuerpo; nada le distrae”.
Kirshna a Radha, Canto XII, Cantinela 23, Sloka 5. “Gita Govinda” de Jayadeva

La estructura patriarcal ha sido una constante en casi todas las culturas del mundo, se podría decir que son casi nulas las comunidades que se han librado de la misma. Una de las culturas que tal vez no se pensaría que sigue un sistema patriarcal es la cultura hindú, debido a sus diosas voluptuosas y a los mitos que las rodean.

En muchas partes de la India, la mujer tiene solamente ciertas opciones de vida: eres hija, hermana, esposa o madre, nada más. Poco a poco esto ha ido cambiando pero aún existen tradiciones que sostienen estas ideas como: el matrimonio semiforzado entre estratos sociales, el uso de mitologías para reforzar diversos estereotipos, entre otros. Incluso la viudez es mal vista en algunas lugares. Por lo tanto, el rol de la mujer queda profundamente limitado, salvo excepciones.

Uno de los roles más interesantes de la cultura hindú fue el de las Devadasis: mujeres y niñas que se dedicaron de lleno a la adoración de una deidad, como una especie de monjas bailarinas (aunque este término podría ser debatido ampliamente). Las Devadasi, de forma similar que las monjas cristianas, se casaban en la pubertad con la deidad en una ceremonia llamada Pottukattum.

Su labor consistía entonces en realizar rituales y servir al templo además de ofrecer danzas y música a la deidad. Gozaban de un estatus social alto y tal era el respeto hacia ellas que se les denominaba como nitya sumangali (mujer libre de la adversidad de la viudez) o akhanda saubhagyavati (mujer que no se separa de la fortuna). Ya que estaba casada con una deidad divina, su presencia era considerada como auspiciosa y era bastante bienvenida en celebraciones.

Se ha debatido si las Devadasi pertenecían a una casta única en la India, pero más bien se refiere a un estilo de vida (vritti, murai). En tiempos posteriores el oficio se convirtió en hereditario pero para ello se debía de contar con la formación adecuada. Sus danzas son consideradas actualmente como la base de lo que hoy son las danzas clásicas de la India entre las que destacan el Bharatanatyam y el Odissi.

Aunque anteriormente mencioné que eran una especie de monjas bailarinas, a diferencia de las monjas cristianas muchas de ellas tuvieron hijos y a estos se les consideraba en el mismo estatus, además se les enseñaban sus artes, por lo tanto fueron en algún momento sostuvieron las tradiciones dancísticas de estos linajes. Sin duda el ser tomadas como mujeres de igual rango que las mujeres casadas les ayudaba a ellas (y a sus hijos) a vivir una vida dedicada a la preservación religiosa y de las artes.

Historia antigua y medieval: patriarcado religioso

El origen de las Devadasis es incierto, no obstante gracias a la tradición oral y de ciertos escritos es que se conoce su existencia. La primera mención de una Devadasi se da en los textos budistas llamados Jatakas con la figura de una bailarina/cortesana (nagarvadhu) llamada Amrapali quien se convierte en seguidora del Buddha y una mujer iluminada o arahant. Otros textos mencionan que tal conexión inició en el tercer siglo A. de C. y en obras como el Meghadūta del poeta Kālidāsa, los relatos del viajero Xuanzang y las recopilaciones históricas de Kalhana, el historiador de Cachemira.

En los registros históricos se menciona que existió una época de oro de las Devadasis, ya que eran personajes altamente estimados por la realeza. Se menciona que en Tanjore, en el Sur de la India, existían 400 o en Gujarat en el templo de Someshwer existían alrededor de 500. Todas ellas gozaban de un patronato real que las compensaba con tierras, propiedades y joyería.

El imperio de la dinastía Chola fue uno de los más generosos con las Devadasis, donde se les denominaba como Devar Adigalar (sirvientes de lo divino). En este régimen se concebía como Devadasis tanto a hombres como a mujeres, con la diferencia de que los hombres (denominados Nattuvanars) acompañaban a las mujeres exclusivamente con su música.

Pronto la dinastía Chola influyó en otros imperios quienes adoptaron la cultura de las Devadasis nombrándolas de distintas formas como jogini, basivi (Karnataka), matangi (Maharashtra), Bhavin o Kalavantin (Goa) y Kalavantulu en Andhra Pradesh. También se les atribuyen nombres como venkatasani, nailis, muralis y theradiyan.

A diferencia de las Devar Adigalar del imperio Chola, en provincias como Yellampura en Karnataka, las Devadasis no bailaban sino que se dedicaban a tocar instrumentos y cantar.

Las Maharis de Orissa

A diferencias de las Devadasis de otros estados, en Orissa, las también llamadas Maharis del templo de Jagannath, no fueron muy expresivas en su sexualidad y se esperaba que fueran célibes. La palabra Mahari significa “mujer que puede controlar sus impulsos o sus cinco sentidos y someterse a Dios”. Sri Chaitanayadev las definía como Sebayatas que servían a Dios a través de las danzas y la música. Sin embargo muchas de ellas sí tuvieron descendencia por lo que el celibato no era estricto en ese tiempo.

The Orissa Gazette menciona que, en 1956, las Devadasis tenían diversos rituales: las Bhitara Gaunis bailaban en la mañana en el Sakaala Dhupa donde posteriormente el Señor Jagannath daba Darshana a los bhaktas (devotos), mientras que en el salón principal las Devadasis acompañadas del Rajaguru bailaban frente a todos los devotos. Las Bhitara Gaunis cantaban también en el Badashinghara, una ceremonia en donde se ornamenta y viste al Dios.

En la noche, el Señor Jagganath era servido por Sebayatas masculinos y antes de partir la Bhitara Gaauni, entraba en el cuarto, se quedaba cerca de la puerta y cantaba canciones del Gita Govinda, además de realizar una danza ritual para anunciar que la deidad se había ido a dormir.

Estos significan los inicios de lo que actualmente se conoce como Odissi, una de las Danzas Clásicas de India. Originalmente se bailaba por las Maharis o Bhitara Gaauni actuando un poema espiritual o una historia religiosa, generalmente tomada del Gita Govinda de Jayadeva.

Las danzas de las Maharis combinaban lo que hoy se denomina como Nritta (danza pura) con Nritya (danza expresiva) donde se valían de gestos faciales (abhinaya) y de manos (mudras). Cuando la danza Odissi se popularizó ellas también eran acompañadas de niños vestidos de niñas llamados Gotipuas que agregaban actos acrobáticos y atléticos a la danza.

La decadencia y el patriarcado estructural: la invasión mogola y el imperio británico

Antes de la llegada del Imperio Británico, India vivió lo que se denomina la “Invasión mogola”. A principios del siglo XVI, descendientes de mongoles, turcos, persas y afganos invadieron la India bajo el liderazgo de Zahir-ud-Din Babur, lo cual provocó el inicio de casi 400 años de reinado del estado turco-islámico. Este imperio llegó a abarcar parte de los territorios actualmente correspondientes a la India, Pakistán, Bangladesh, zonas de Afganistán, Nepal, Bután y el este de Irán.

El desprestigio de las Devadasis inicia en esta época debido a que la fe hinduista no era bien vista en este reinado islámico: aunque algunos Rajas (Reyes) fueron más permisivos y les permitían bailar en sus cortes, en muchos casos se les trató también como cortesanas. Algunos reyes continuaron apoyando a los templos pero esta ya no era una constante como en el Imperio Chola.

Con la llegada del Imperio Británico, las Devadasis fueron despojadas de todos sus beneficios ya que sus patronos habían perdido poder. Por si fuera poco, la moral inglesa veía en las Devadasis a “mujeres exhibicionistas que atentaban contra la moral”, por ende se buscó eliminar la práctica en el subcontinente.

La primera iniciativa contra las Devadasis surgió en 1882 donde se les comparó con prostitutas, a pesar de lo anterior, los colonialistas mantuvieron funcionando los burdeles en India.

Durante la propagación de la sífilis en India, se tomó a las Devadasis como prostitutas y en un esfuerzo por erradicar esta enfermedad, el gobierno británico registró a todas las “prostitutas” (incluyendo a las Devadasis). Aunado a esto, el gobierno instituyó “hospitales” donde las mujeres fueron llevadas para ser “tratadas” por enfermedades venéreas. Muchas de las mujeres admitidas en estos lugares nunca fueron vistas de nuevo.

Se dice que las hijas de las Maharis del templo del Señor Jagganath tomaron profesiones tales como enfermería a mediados de los años 20 debido al estigma de su profesión.

Reformadores

Rukmini Devi Arundale, teóloga y bailarina de ballet, buscó reapropiarse de las tradiciones de las Devadasis y contextualizarlas de tal forma de que pudieran ser vistas como danzas “respetables”. Lo logró cambiando el repertorio y eliminado piezas que eran percibidas como eróticas, además que sistematizó la danza incorporando elementos somáticos del ballet. El resultado: la danza hoy conocida como Bharatanatyam. La técnica de Rukmini se enseña hoy en la universidad de Kalakshetra y aunque se diga que encuentra sus orígenes en el Natyasastra, fue una apropiación de la danza de las Devadasis pensada para las clases altas de la India.

En el caso del Odissi, vivió su época de reforma en la década de los 40. Uno de sus más grandes reformadores fue el poeta Oriya, Kavichandra Kalicharan Pattanayak (de quien se acuñó el término Odissi), en conjunto con maestros como Kelucharan Mohapatra, Raghunath Dutta, Deba Prasad Das, Pankaj Charan Das y Gangadhar Pradhan. También fue muy importante el rol de Guru Mayadhar Raut quien logró que este estilo de danza alcanzara el nivel de “danza clásica de la India”.

Las Devadasis en la actualidad

The Orissa Gazette menciona que en 1956 existían en Orissa apenas 9 Devadasis y 11 músicos. En 1980 sólo existían 4 Devadasis: Harapriya, Kokilaprabha, Parashmani y Shashimani. Para 1998 sólo existían Parashmani y Shashimani, quienes sirvieron hasta el último de sus días, declarando este oficio como formalmente extinto en el estado en 2015.

La India’s National Commission for Women, recolectó información sobre la prevalencia de las Devadasis en varios estados y hasta la fecha se han identificado 16 mil 624 Devadasis en Andhra Pradesh y 22 mil 941 en Karnataka. Por su lado el gobierno de Maharashtra proporcionó pensiones a las Devadasis, donde se recibieron un total de 8 mil 793 aplicaciones de las cuales solamente se eligieron 2 mil 479 (y actualmente reciben su pensión mucho menos).

Imagen de la diosa Yellamma, por la que las mujeres Devadasi deben ofrecer durante toda su vida sus servicios sexuales.

Sitavva Joddati, proveniente de Karnataka, fue en su momento una Devadasi y actualmente es una activista social galardonada con el premio Padma Shri. En 1997, fundó su organización llamada MASS en donde ayuda a mujeres Devadasis a salir del mal estilo de vida que actualmente llevan.

Muchas chicas acceden a este estilo de vida debido a problemas mentales, discapacidades o pobreza y su esperanza de vida es de no más de 50 años debido a las condiciones en las que viven.

Algunas niñas y jóvenes continúan siendo entregadas a los templos para “casarse” con los dioses. Sin embargo, su virginidad es vendida al mayor postor del pueblo y posteriormente trabajan como prostitutas. Un testimonio de una Devadasi sobreviviente asegura que: “Somos una comunidad maldita. Los hombres nos usan y luego nos desechan”.

La mayoría de las mujeres que son “elegidas” como Devadasis son niñas menores de edad, algunas de ellas hasta de cuatro años. También son mujeres de la comunidad dalit, es decir, que no tienen casta. Muchas de ellas son violadas, contraen VIH y mueren en terribles condiciones.

Referencias:

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