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Dos cuentos de Yadira del Mar

Mujer trueno

Llego a casa de Nani María, ella ya me espera en la puerta con un plato enome de mango.

-Ya el mar me avisó en la noche que venías, pero no me imaginé que tan pronto, xhunquita ¿tanta necesidad tienes de encontrar respuestas?

-Sí, un poco Nanita, quiero conocerla.

-Siendo así, cómete ese mango mientras yo alisto todo.

Nanita se dirige a la parte trasera de su casa, ahí dónde está el pozo, recoge de sus macetas un puñado de hierbas que va limpiando con mucha delicadeza y detenimiento. La observo desde la hamaca, mientras siento la brisa del mar pegándome en el rostro, cierro los ojos y la encuentro a ella, riendo, miro sus ojos y le pido permiso para lo que viene. De pronto, Nani me toca el hombro y me dice que es tiempo, me encamina a su cuarto, ya en el suelo está el petate, me recuesto con la mirada fija en el techo. Nani trae hacia mi boca un jarro humeante, lo bebo, y siento como sus manos cálidas, comienzan a acariciar mi cabello.

-Que el sueño te muestre lo que andas buscando, regresa que aquí voy a estar esperándote.

Cierro los ojos y entonces me descubro en una playa, de frente al mar, sentada está ella. La veo, es amarilla, a su alrededor llueve, pero  de entre su cuerpo se generan luces, me acerco. Entonces me doy cuenta de que una luz la recorre ¡es un trueno! Se da cuenta de mi presencia y me dice: Estamos en la tierra del Trueno.

Giro la mirada, huelo, estamos rodeadas de vainillas. “Xanah”, pronuncio. En la punta de la vaina, una mariposa revolotea, quiero alcanzarla, pero el agua fresca en mis pies me hace reaccionar. Escucho la voz de Nani llamándome, le grito a la mujer trueno que agradezco que me haya dejado mirar su raíz. De pronto, la mano cálida de Nani me toma las manos, despierto.

-Xhunquita, ¿viste lo que querías?

-Sí, Nani, por fin la conozco, mi Sonia es la mujer trueno. Su ombligo profundo está en Veracruz, tierra de vainilla, como nuestro amor. Está ahí, cerquita del Tajín, su raíz es Totonaca. Su mamá es esa mariposita cuidando de la vaina, mucho sentido que el Papaloapan cruce Veracruz, río de mariposas, mi chitugui’ vino a moverme la tierra, es el trueno que cambio mi vida, la conozco por fin, Nanita… 

-Lo que buscas te está buscando también, su ombligo profundo está en el mar, cómo no iban a encontrarse nadando.

Colorines

Llego a casa de Nani María a eso de mediodía, al entrar a la cocina miro un sinnúmero de ingredientes en su mesa. Reconozco algunas cosas, otras no, veo fruta, maíz, masa, hoja santa, colorines, chile, frijol, pescado seco, calabacita, pepitas…

 -Ora qué Nanita, vas a tener fiesta o ¿pa’ qué tanto, pues? 

-En lugar de estarte ahí, ándale ayúdame. Ponte a lavar el frijol y las calabacitas, también la fruta. Luego te me pones a amasar.

– ¿Pa’ qué es, pues? 

-Ay tanta preguntadera, ya, órale a trabajar.

Así pues, me dispongo a cumplir las órdenes de mi Nanita, que ya asa hoja de plátano en su comal. Mientras lo hago, huelo, y reconozco el olor a tierra mojada. Entro a la casa y Nanita me llama.

– Mira xhunca, vamos a hacer un atole bien rico, que yo nunca te he hecho, pero que acabo de aprender. Ponte la olla en el fogón.

Mientras esperamos que el agua hierva mi Nani pica los colorines y comienza a freír.

-Xhunquita, cuando cocinamos para una persona, le estamos regalando un cachito de nuestro corazón, porque pusimos tiempo, esfuerzo, sazón, amor, risas, sueños. La comida, nos lleva también a la raíz, mira, échale ya la panela y la canela a la olla, y esas tortillas que ya están tostaditas, casi quemaditas, también se las pones, y no dejes de mover.

Finalmente el atole se ve listo, la tortilla se ha deshecho entre el agua caliente. Pruebo con un dedo y me endulza la lengua, huelo una mezcla de chile, masa, pescado, también huele a huevo frito. Miro la mesa y me doy cuenta de que me perdí tanto en mis pensares, que no noté cuánto ha trabajado Nanita. La mesa está repleta: hay tamales, tortillas, los colorines están revueltos con huevo y los inunda una salsa verde. También hay quelites con calabacitas picadas, frijoles de cazuela, veo otras ollas más con varios atoles de colores y sabores. Nani me llama a la mesa.

-Siéntate, mi niña.

Cmo en un sueño, me va ofreciendo atoles de todos los sabores, los pruebo, mi boca está llena.

-Cada atole se prepara para una ocasión especial, hay un atole distinto para cada momento. Sabes mi xhunca, así es el amor: colorido, sabroso, caliente y especial cada día. A veces un poco agrio, como dste de maíz morado o dulce como el de tortilla quemada, come mi niña.

Cierro los ojos y disfruto cada sabor. La boca me sabe a lluvia, a tierra fresca.

-¿De dónde trajiste todo esto Nanita? 

-De la tierra del Trueno, mija, ahí donde está la raíz profunda de la mujer con la que compartes hamaca. La comida, también es una forma de conocerse, así que provecho.

Nani muerde el taco de colorines con huevo, y yo no puedo sino saborear en mi boca a mi mujer trueno.

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