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Mujeres migrantes: entre búsquedas y nuevos arraigos

Mujeres migrantes: entre búsquedas y nuevos arraigos

Hellen Frenzel
Mujeres migrantes testimonios y dificultades

CRÓNICA VIOLETA – Experiencia de mujeres migrantes

Crónica Violeta es un espacio de diálogo sobre la migración de mujeres para abordar y abrir nuevos itinerarios, nuevas búsquedas y caminos que nos signifiquen ampliar conexiones en los procesos de cambio y de movilidad. La experiencia migratoria de mujeres también está marcada por recurrentes estereotipos, unos velados y otros bien identificados, que pocas veces son expuestos.

Hace pocos días celebramos el Día Internacional de la Mujer. Días como estos nos permiten poner sobre la mesa de discusiones viejos temas, nuevas reflexiones, dar sentido a los cambios en nuestros espacios de acción, rendir homenaje a las mujeres que abrieron el camino a la equidad de género y a las valientes que continúan trabajando.

Este año, 2021, Naciones Unidas lanzó una campaña denominada Generación Igualdad para celebrar el #8M. Esta campaña tiene como eje principal el ejercicio del derecho de las mujeres a la toma de decisiones en todas las esferas de la vida. ¿Cómo se articula este eje con el tema que propongo reflexionar? En este espacio deseo conversar con ustedes sobre las mujeres migrantes. Abordaré el tema en tres contextos: el laboral, el emocional – resiliente y testimonial.

Contexto laboral de las mujeres migrantes

En esta primera etapa expondré algunos datos recogidos del portal de datos mundiales sobre migración (actualizado a septiembre de 2020), y que están cotejados con Naciones Unidas. Es importante señalar que el momento de hablar de cifras estadísticas desglosadas por sexo en contexto de desplazamientos no siempre son recopiladas, lo que limita el alcance de los análisis.

  • Según las estimaciones de las Naciones Unidas, el número de migrantes internacionales (personas que residen en un país distinto al de nacimiento) a nivel mundial aumentó durante los últimos veinte años, llegando a 281 millones en 2020.  
  • La proporción de mujeres migrantes es del 48,1% 
  • Los países que registran el mayor número de migración son Estados Unidos, Alemania, Arabia Saudita, Rusia, Reino Unido.
Captura del Portal de datos mundiales sobre la migración.

Al momento de buscar información estadística sobre migración enfrentamos otra dificultad, porque en muchos países este registro es escaso y no se toma en cuenta la presencia de personas indocumentadas o que no han ingresado a los países por vías regulares. 

Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su informe The migrant pay gap: understanding wage differences between migrants and nationals (2020), analiza la situación sobre la brecha salarial de los y las trabajadoras migrantes, disparidad que surge por múltiples razones y que difieren de un país a otro. Para este estudio tomaron como muestra a 49 países y tiene información anterior al periodo de crisis de COVID-19.   

Se estima que hay 164 millones de trabajadores migrantes en todo el mundo, de los cuales cerca de la mitad son mujeres. La remuneración de los trabajadores migrantes en los países de renta alta es una media del 13% por debajo de la de los empleados nacionales, aunque en determinados países esa diferencia alcanza el 42%, el 27% de los migrantes tiene contratos temporales y el 15% trabaja a tiempo parcial. La OIT también alerta sobre la doble discriminación que sufren las mujeres migrantes.  

Los trabajos que realizan las mujeres migrantes

Las mujeres en gran parte se ubican en trabajos domésticos y de atención-cuidados. El 73%  de trabajadores domésticos migrantes del mundo son mujeres. Lamentablemente, es un trabajo infravalorado, invisibilizado y es particularmente vulnerable, debido a las condiciones de empleo que no suelen estar reguladas, donde las trabajadoras estarían más expuestas a transgresiones de sus derechos y su dignidad.  

En relación al trabajo en atención y cuidados, la descripción con frecuencia es muy amplia; se definiría en sectores como servicios asistenciales, cuidados personales, cuidado infantil y enseñanza inicial. El estudio señala que la brecha salarial entre hombres nacionales del país de acogida y mujeres trabajadoras migrantes es del 20,9% y del 16% en países de renta alta.  

No podemos ignorar las experiencias migratorias positivas de muchas personas que han alcanzado sus aspiraciones laborales y su nivel de bienestar, pero es difícil disociar la migración con prácticas abusivas que las personas que migran enfrentan el momento de incorporarse al mercado laboral, presentándose situaciones de desigualdad en:

  • Trato en el mercado laboral
  • Brecha salarial
  • Acceso a empleo
  • Formación, experiencia y cualificación
  • Condiciones laborales
  • Seguridad Social
  • Derechos sindicales

Por ejemplo, el abuso en la contratación es más proclive a darse especialmente en los trabajadores migrantes con baja y media cualificación, según indica el estudio.

Dificultades en la homologación de estudios

Pueden existir desajustes de competencias y/o dificultades el momento de transferir competencias y experiencias laborales entre países (aquí entran aspectos como el idioma, la cultura). Por otro lado, la homologación de la titulación para profesionales cualificados implica en su mayoría trámites costosos, el procedimiento requiere de cierto tiempo para alcanzar su reconocimiento o pocas veces existe equivalencia con los títulos de los países de acogida. 

Debido a las diferentes trabas del proceso es posible que no se reconozcan la totalidad de las competencias profesionales y que estos migrantes recurran a empleos poco cualificados y mal remunerados, en muchos casos se encontrarían ocupando plazas de trabajo por debajo de su nivel educativo y de sus competencias. Los/ las trabajadores migrantes con estudios superiores tienen menos probabilidades de conseguir un empleo en su área de estudio o en categorías profesionales elevadas. 

Pero no es posible sentar una regla general, en  el último decenio se registró un crecimiento del 60% de médicos y enfermeros migrantes que trabajan en los países más ricos del mundo, según indica la Organización Mundial de la Salud. En Alemania, por ejemplo, son muy demandadas las carreras  profesionales del servicio sanitario y de atención médica.  

Un dato interesante que cabe mencionar es que el número de estudiantes internacionales móviles está aumentando y los destinos se diversifican. En el 2017 había más de 5,3 millones de estudiantes internacionales frente a los 2 millones del año 2000.  

Visto de manera global, las personas migrantes enfrentan muchas más dificultades el momento de insertarse al mercado laboral del país de acogida, con frecuencia las condiciones laborales y salariales no siempre son las más adecuadas a lo que se suma la vulnerabilidad frente a la discriminación y los prejuicios existentes en cada país frente al migrante. Donde como refiere el estudio, las mujeres sufren doble discriminación y ocupan plazas de trabajo de alta vulnerabilidad.

¿Por qué migran las personas?  

En el Instituto de Investigación sobre la Paz de Oslo se plantearon resolver una interesante pregunta: ¿Por qué migran las personas? Explicar qué lleva a las personas a migrar enfrenta múltiples respuestas, los investigadores al menos identificaron 32 factores determinantes. 

Los factores, las causas que impulsan a que una persona a que abandone todo lo que le es conocido, la familia, la tierra, la querencia, tienen un denominador común y se resume en la frase, que muy bien conocen quienes migran, anhelar días mejores para sí mismos, para su familia. Esto también pone en evidencia que esa motivación intensa que impulsa la migración tiene estrecha relación con la desigualdad entre los países.  

Los desplazamientos humanos no son un fenómeno nuevo, de hecho las migraciones han sido una poderosa fuente de intercambio y desarrollo de los países. Uno de los factores que  impulsan a migrar es de carácter humanitario, considerándose dentro de éste a los conflictos armados, catástrofes naturales, las delicadas situaciones políticas, religiosas que viven algunos países o las crisis económicas.

Otras razones más afortunadas son por fines laborales y familiares, que es cuando la persona  se desplaza por estudios, oportunidades laborales convenidas, relaciones familiares. Incluso aquí vamos a encontrar una diferencia entre circunstancias y condiciones de la migración, que también tiene su peso el momento de acceder al mercado laboral.

Entonces, si existen condiciones que no son las óptimas para la persona que migra, volvemos a la pregunta ¿por qué migrar? Si nos sostenemos en la premisa que es para mejorar podríamos pensar que este movimiento favorece al bienestar y calidad de vida del migrante, porque en el país de acogida encontrará algo que el país de origen no le ofrece. También podemos pensar que los grupos humanos más empobrecidos no podrían aspirar a migrar por los costos que implica. Entonces podemos decir que el migrar deja de ser un derecho, para ser un privilegio.  

En este momento por nuestra cabeza pasan las decenas de imágenes y testimonios de personas cruzando fronteras, mares, desiertos, ríos y todas las barreras existentes para llegar al país de destino. Los caminos de la migración no siempre son seguros, se puede poner en juego la integridad física, e incluso está en riesgo la vida, son miles de personas que mueren o desaparecen en las rutas migratorias. Asimismo, genera preocupación el avance de ideas extremistas que atacan y amenazan a diversos grupos humanos, entre ellos a los y las migrantes, pero estos temas corresponden a otra arista de la migración. 

Contexto emocional – resiliente de las mujeres migrantes

Esto me lleva al siguiente punto que corresponde al contexto emocional y resiliente. Daremos por hecho que la persona migrante para poder trabajar en el país de acogida tiene salud física. Así un aspecto que pone al migrante en estado de vulnerabilidad tiene relación con el nivel emocional.  

Aquí deseo precisar que a lo largo de este segundo contexto emocional –resiliente aludiré a mi experiencia como mujer migrante, lo compartido forma parte de mi proceso personal.

¿Qué es el Síndrome de Ulises?

Gracias a una conferencia sobre salud y migración pude conocer el llamado Síndrome de Ulises. Homero, en su obra clásica, nos cuenta cómo Ulises tuvo que separarse de su esposa e hijo, de su amada Ítaca y viajar para ganar una guerra. El retorno a casa se convirtió en una verdadera odisea, y Ulises tuvo que superar una serie de obstáculos y peligros, donde la añoranza fue el motor que le impulsó a llegar luego de varios años a su tierra junto a su familia.  

El psiquiatra Joseba Achotegui, en 2002, en un afán de entender la migración, bautizó como Síndrome de Ulises a un tipo estrés que puede aparecer en menor o mayor medida durante proceso migratorio y genera sentimientos de pérdida, incertidumbre e inseguridad.

La migración produce un cambio vital en la persona; incluso si este movimiento permite una mejora beneficiosa en la calidad de vida. Pero no solo las situaciones extremas de la migración pueden producir estos sentimientos.

En el caso de las mujeres, y aquí me acojo a mi experiencia migrante y al haber compartido con decenas de mujeres nuestras historias, el dolor intenso del desarraigo que origina la migración al alejarse de todo cuanto es conocido y cercano, como la familia, los vínculos sociales, las prácticas culturales e iniciar un proceso de adaptación en lugar nuevo, con otras conductas sociales y culturales, con un idioma diferente y sin contar con redes de apoyo a las que sujetarse, nos coloca en una posición de desprotección porque las propias barreras de autocuidado y protección se ven debilitadas. 

Lo he escuchado varias veces de las voces de mujeres migrantes “siento como si me arrancaran el alma, como si me desgarraran por dentro”. Lo he sentido también dentro de mí.

La sensación de soledad, aunque te encuentres viviendo en pareja y rodeada de gente, nos pone contra las cuerdas de tiempo en tiempo, todo puede estar bien cuando te asalta esta sensación y luego te quedas reviviendo viejos temores o alimentando nuevos.

Las preguntas, las dudas te invaden – y si fracaso, si todo sale mal, si nunca consigo aprender, si no encajo – y ese Y SI te sujeta fuerte porque precisamente en ese instante no estás en ti para abrazarte, y tampoco hay un tejido de amigas/os o familia que te afirme. Las emociones se va apoderando de tus pensamientos y una nube gris no te deja ver la luz renovada del día.   

Estas oleadas de miedo, inseguridad, soledad y más…  se suman a que cada día debes pensar ¿cómo me reinvento para sobrevivir? Es una permanente montaña rusa de todo lo que te puedas imaginar, un rompecabezas donde no todas las piezas encajan. 

El proceso es agotador, entre estos movimientos del tablero de ajedrez de la vida migrante no siempre tienes espacio para la prueba y el error, solo te queda seguir.

En una conferencia sobre mujeres migrantes lloré de la emoción, porque al fin alguien me explicaba lo que ni mi pensamiento, ni con el desborde de mis emociones trasladadas en decenas de poesía lograba comprender, ni darme cuenta con claridad. 

Traducir la vida del país de origen al de destino

La Doctora y profesora en la Universidad de Gießen, María Silva Tapia, señalaba en su ponencia que “al migrar perdemos nuestros recursos y nos invade la sensación de estar extraviadas”.  Cuánto sentido encontré en esas palabras, llenas de profundidad. Ella lo explicó tan admirablemente que aquí solo puedo transmitir lo que a mí me tocó en su momento. 

Partimos entendiendo que el recurso es una riqueza, es el bien propio y único que nos hace ser quienes somos – nuestra identidad, el recurso entendido como todo lo que hemos vivido, nuestras experiencias de vida. Ese recurso se encuentra en todo nuestro capital cultural, educativo (cultural institucionalizado), económico, simbólico, social, también está en nuestra distinción y apariencia física, de la cual no nos podemos desprender. 

Todos estos capitales, cuando migramos, deben ser traducidos al nuevo espacio de vida, en el país de acogida y esto no significa que lo hacemos una vez y se terminó el trabajo.  Lastimosamente no es así, esto tenemos que hacer cada día, y es precisamente esta traducción permanente lo que provoca cansancio y nos puede llevar al límite de nuestras fuerzas. Algo que me resonó con intensidad de la conferencia, es que el recurso más valioso que perdemos es nuestra intuición, porque lo que aprendí ya no tiene validez o referencia y al moverme en otro país simplemente ya no lo sé, dejo de saber.  

Así comprendí lo que nos sucede a muchas de las mujeres migrantes, que incluso alcanzando nuestros objetivos al migrar, el sentimiento, la sensación que experimentamos en nuestros diversos espacios de interacción social, familiar, cultural es que algo nos hace falta, y cada día volvemos a la noria de la interpretación y reinterpretación de nuestro espacio vital e incluso nuestra identidad.

A todo este cúmulo de ideas y sensaciones necesitamos sumar otros componentes más, como son: el contexto social-cultural y económico del país de acogida, donde muchos de esos capitales de los que hablaba anteriormente están escasamente valoradosesto provoca que la experiencia migrante y el proceso de adaptación sea una carga difícil de sobrellevar día con día. 

Entonces, se tiran de muchos hilos, la discriminación por ser mujer, la xenofobia por la apariencia y lugar de origen, el miedo “al otro”, el miedo a quitar las plazas de empleo a los nacionales son una constante. También puede sonar irrisorio, pero pasa, en el caso de las mujeres no solo pesa el temor de tomar una plaza de empleo, sino a los hombres del lugar. En especial las mujeres latinas y afrodescendiente llevamos a cuestas “el prejuicio de la calentura entre las piernas”.  

¿Cómo vivir asertivamente el duelo migratorio?

Volviendo al Síndrome de Ulises, este estrés crónico y múltiple asociado a la migración lleva consigo el denominado duelo migratorio, que hace alusión al proceso de reestructuración de las personas frente a la pérdida, a la separación, al desarraigo.  

Para Achotegui, el tiempo y la distancia tiene influencia, y es que vivimos muchos duelos ya sea por la familia, seres queridos, la lengua, cultura, tierra, estatus social, contacto con el grupo de pertenencia o riesgos en la integridad personal.  

¿Cómo vivir asertivamente estos duelos? Cuando hay sentimientos, miedos y sensaciones que ocupan tu interior, y que en ocasiones van llegando de uno en uno, o vienen todos al mismo tiempo, y provocan que caigan sobre ti como fichas de dominó la tristeza, el aislamiento, la culpa, la ansiedad, la desorientación, la pérdida del contexto, la pérdida de una misma, la  incertidumbre, lo que puede causar hasta malestares físicos.  

Pero debes mantenerte íntegra para sostener lo poco o mucho que lograste afirmar y construir cuando en realidad eres una bomba de tiempo. Además, debes mantener la sonrisa por amabilidad, porque así te enseñaron, cuando te dicen, olvídalo todo, aprende el idioma y adáptate.   

Una palabra clave en el proceso es integrar, pero cuesta tanto a los foráneos, como a los nacionales integrar, y en muchos casos no se alcanza una competencia multicultural.  Volvemos a las preguntas para las que no existe una sola respuesta. ¿Cómo aceptar que la migración es un proceso? Cómo entender que integrar también significa soltar, dejar espacio para el vacío, el reconocimiento, la recuperación de una misma. 

Cómo comprender que integrar también significa incorporar lo que me está ofreciendo el presente y que es bueno para mí, abrirme a las posibilidades, a permitirme y construir mi vida, a aceptar que no hay error, ni modelos de perfección, que no hay un solo camino para transformar mi realidad y hacerme responsable de mí, dueña y creadora de mi historia, resignificando mis caminos, reacomodando mi visión. 

Cómo creer que es posible, cómo hacer carne y hueso, pasar por la mente, por el cuerpo, cómo hacer que mi alma lo recuerde cuando me vuelva a sentir extraviada. Yo solo puedo decirles, y puedo también equivocarme, que esa es una tarea diaria, y que por amor a una misma es necesario emprender, entrar en acción porque bien lo vale, vale la alegría, vale la vida.

Tal vez estas palabras están muy lejos de volverse eco en las mujeres que están sufriendo de alguna manera o viviendo una situación compleja. Yo deseo que estas palabras vibren en ustedes y les recuerden quiénes son y vuelvan a creer en ustedes, en sus dones, en su instinto.

Sin el deseo de ser excluyente me he referido y describo experiencias de mujeres migrantes, porque no conozco de cerca las experiencias de hombres migrantes. Lamentablemente dentro de las tantas castraciones que ellos sufren se activan todos los mecanismos para silenciar, amortiguar y evadir sus emociones y sus expresiones. 

Se les ha enseñado a mirar a otro lado para no sentir. No estoy señalando que los hombres no sientan o experimenten emociones, lo que deseo remarcar es que no se les ha permitido expresar y vivir sus emociones.

Las mujeres migrantes deberíamos aprender a vivir el cambio en todas su formas, y en este punto abordo el maravilloso concepto que es la resiliencia, que no es otra cosa que dar el paso, el salto al vacío con la confianza en una misma.

Ser una persona resiliente es mucho más que superar la adversidad, es la capacidad de conocerse y aprender a manejar los propios sentimientos, a dejarlos ser, a desenredarlos y en el momento que sea necesario soltarlos. Es buscar y encontrar canales de expresión y ofrecerme soluciones en mis problemas, porque solo yo tengo la llave.  

Saber valorar mis aprendizajes y tejerme nuevos arraigos. Ser responsable de mí y hacerme cargo de mí misma de la manera más amorosa y respetuosa. En suma, asumir mi derecho a la toma de decisiones en todas las esferas de mi vida y es aquí cuando se encadena con este vivir en la equidad y mi comentario en el inicio.   

Mi testimonio como mujer migrante

Finalmente, y de manera sucinta, deseo contarles mi experiencia de mujer migrante, llegué A Alemania hace 15 años por reunificación familiar, mi vientre portaba una vida, yo cargaba una mochila y mi esposo en una mano llevaba por delante nuestros pasaportes y con la otra sostenía mi mano. Hoy, como hace 15 años, mi vida cabe en una mochila en la que porto a mi gato, mi esposo sigue sosteniendo mi mano, el hijo construye su propio trajinar, ya no dice que vivirá conmigo toda la vida y eso me llena de contento.   

Después de todo lo vivido entre risas y llanto, entre pérdidas y búsquedas volvería a tomar ese avión y llegar a tierra un 8 de marzo. Creo firmemente que ningún proyecto se lleva a cabo sin el trabajo en conjunto e interacción con otras personas, que a veces están tan locas como tú.

Ahora tengo un emprendimiento donde me reconozco. En febrero abrí mi página web y ese fue un paso gigantesco que me negaba a dar por miedo. La experiencia que hasta ahora les puedo compartir es que el sitio fue construido por mujeres migrantes, que en nuestro peregrinar nos hemos alimentado de todas las experiencias que nos han marcado como profesionales y como seres humanos, nos hemos alentado las unas a las otras, nos hemos identificado como sobrevivientes de tormentas migrantes. Nos hemos caído y vuelto a levantar, nos hemos reinventado hasta crear nuestros espacios en un lugar que nos era ajeno.

No he dejado de vivir la noria, pero cuando estoy en lo más alto o los más profundo de ella me digo: ¡Suéltalo! Porque tienes la capacidad de vivir como quieres vivir, de construir el sueño que tu corazón desea.

Agradezco lo vivido, porque me permitió ser la autora de dos libros de poemas que me llenan de satisfacción. Agradezco a la tierra que dejé, porque que ella me regaló mis primeros aprendizajes. Agradezco a la tierra que me acoge, porque me agrandó la mirada, me ensanchó el corazón.  Agradezco a todas las personas que han hecho el camino conmigo, porque he tejido redes maravillosas que me indican que el hogar está en mi corazón.

Ver comentarios (4)
  • ¡Excelente artículo! Muy informativo y al mismo tiempo maravillosamente testimonial. Si bien nos muestra los lados negativos de la migración en la actualidad, me ha hecho reflexionar sobre la maravillosa experiencia que puede ser la migración y descubrir nuevos mundos. Me encanta como la autora nos advierte y nos regala su propio testimonio de que en muchas ocaciones no depende del lugar sino de nuestras propias capacidades y resilencia para ser feliz y progresar. Muchas gracias por compartir este gran artículo.

    • Gracias por este mensaje que alienta y nos permite conectar, compartir desde la palabral, encontrarnos desde el testimonio de vida. Saludos

  • Me gusta bastante este artículo que nos invita mucho a reflexionar sobre los obstáculos que se presentan y se convierten en un reto a la hora de adaptarse en un país extranjero. Creo que es un camino muy largo en que también se abren las puertas al autoconocimiento y desarrollar nuevas capacidades que en la comodidad del país nativo no hubieran surgido . Desafortunadamente se presentan muchas dificultades como la inserción al mercado laboral del nuevo país por las diferencias en sistema educativo,laboral , la homologación de títulos que para algunas mujeres tiende a ser un gran dolor de cabeza , este artículo nos invita también a ser más empáticas porque el cambio de país exige mucha madurez , capacidad de adaptación , desgasta bastante emocionalmente . Me parece súper interesante la información que nos compartes sobre el síndrome de Ulises , en que nos permite reconocer este tipo de estrés como algo natural pero a la vez de prestar mucha atención , me permitió analizar en mi misma , por mi condición de migrante todos estos obstáculos, desafíos , la soledad, inseguridad es muy fuerte cuando nos dejamos invadir del temor a lo desconocido hasta el punto de paralizarnos . Muchas gracias por esta lectura que nos conscientiza que cada una somos co creadoras de nuestro mundo , de nuestra vida ,la importancia de establecer metas , el trabajo diario de crecimiento personal con mucho agradecimiento y sobretodo con amor a nosotras mismas.

    Natalia Novoa .

    • Recibo tus palabras con gratitud. Precisamente este artículo es una invitación a reflexionar sobre la situación migrante, es una invitación a mirarnos en nuestros contextos y reconocernos, es una propuesta para con la palabra acompañarnos.
      Me entusiasma mucho leerte y saber que te permites tomar esta lectura para seguir creando, co-creando tu mundo, seguir construyendo tus procesos de vida desde el auto amor, el crecimiento personal, la empatía.

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