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Hábitos verdes: 7 pasos para cuidar al planeta

Mariana Banana nos da siete consejos para ser más responsables con el medioambiente, reducir el consumo de desechables y hacernos conscientes de cómo nuestros hábitos afectan al planeta.

¡¡Feliz día de la tierra!! Happy Earth Day!!! Joyeux jour de la terre!!! El mes pasado celebramos el Día de la Tierra y para rendirle homenaje decidí escribir las siguientes líneas.

La tierra es muy chida. Me dio la vida (tras conspirar con mi mamá y mi papá) y también me ofreció un sin fin de maravillas que me han hecho amarla y asombrarme frente a lo inmensa y bella que es. 

 ¡Como los mangos! ¿Cómo puede existir algo tan delicioso y tan listo para comerse? ¿tan lleno de vida?

Me dieron ganas de compartirles algunos de los hábitos que he desarrollado en mi vida cotidiana para cuidar y preservar a uno de los miles de millones de planetas, aquel en el cual coexistimos, el planeta que siempre será nuestro origen. Qué hermoso origen, la neta.


1. Consumir la mayor cantidad de comida no empaquetada

Cada domingo me voy al tianguis. Con máximo 300 pesos tengo la despensa de toooda la semana. Una gran cantidad de frutas y verduras, mi quesillo, fuente de proteína, y mis tortillas hechas a mano, cereales (yeah!), además de mis alegrías y obleas para cuando me gane el antojo. Esto fortalece el comercio local, ayudando a los pequeños productores que no tienen los hábitos de cultivo y distribución nocivos que tienen las grandes compañías. También gracias a ello me lleno de nutrientes (y no de conservadores) que me permiten estar sana. Además, hace que me la pase comiendo delicioso.

Foto: Danielle Macinnes

2. Cocinar

Cocinar es un arte y despierta una apreciación de la comida muy bella. Al hacerlo evado los productos que provienen de un sistema de producción contaminante, muchos de estos productos vienen en empaque de plástico y la comida congelada o prefabricada proviene de un proceso que requiere mucha más energía (con el traslado y la refrigeración) de la que uso en mi estufa, (sin hablar de cómo implican una mano de obra que suele ser explotada). Las ocasiones en las que no cocino opto por fonditas y ¡no por fast food!


3. Evitar plásticos lo más posible, y cuando no puedas evitarlos, ¡reutilizarlos al máximo!

Después de un largo viaje en el cual la naturaleza me había acogido de formas extraordinarias, regresé a la ciudad de México… ¡dispuesta a no usar plástico! Ajá. Fue un reto inmenso y una noche de hambre me sedujo un esquite, esquite tentador que me hizo romper mi voto de castidad plástico. 

No usar plástico hoy en día es difícil, no he logrado hacerlo… (¡De verdad! En las próximas tres compras que hagan noten cuánto plástico hay de por medio). Pero sí se puede tener consciencia de lo nocivo que es el plástico y podemos evitarlo al máximo. Lavo todas las bolsas de plástico que llego a utilizar y las reutilizo las veces que sea posible. También compro bolsas biodegradables y nunca, ¡nunca! uso unicel, el belzebú de los plásticos por la cantidad de años que toma en descomponerse (más de mil años aproximadamente). Ahora para mis esquites tengo un vaso reutilizable, vaso que siempre llevo para cuando tenga sed y quiera comprar un agua de sandía o un atole. Últimamente me encuentro en un lío porque comencé a consumir más yogurt y requesón pero ambos vienen en horribles envases de plástico, no he logrado encontrar estos productos en envases de vidrio así que mi familia de Navidad recibirá hermosos floreros o porta lápices reciclados. El siguiente reto en la batalla contra el plástico es lograr hacer yogurt casero.


4. Hervir el agua

También para evitar el plástico, en casa hervimos el agua. Así no estamos comprando botellas o garrafones. Otra opción es filtrarla, algo que nunca he intentado pero parece ser aún mejor ya que no requiere de tanta energía. 


5. Cuidar el agua

Hablando de agua, todos los días interactuamos con ella. Muchos tenemos la suerte de que esta es una interacción que no requiere de esfuerzo: basta con abrir una llave, con un ligero movimiento de muñeca, y brota con abundancia este líquido vital. Qué mágico. El problema es cuando esto pasa desapercibido y no le damos la importancia que merece. En general procuro ser muy consciente de cómo utilizo el agua para así utilizar solamente la necesaria. Al lavar los platos coloco un recipiente debajo del chorro para acumular el agua que estoy utilizando y usarla una segunda vez, así utilizo la mitad del agua que necesitaría si no hiciera esto. En la regadera tengo una cubeta que cumple una función similar, recoge el agua que cae mientras me estoy bañando y después puedo utilizarla para el inodoro. Procuro no bañarme por más tiempo que una o dos canciones.


6. Ser consciente de tu consumo

En general, todos estos hábitos provienen de haber cobrado consciencia del impacto que tiene mi consumo en el medio ambiente. ¿Cómo ser consciente de tu consumo dentro de un mundo que te empuja a ser inconsciente de ello? Cuando compras un celular, ropa, zapatos, el entorno está diseñado para incitarte a consumir. ¡Rápido! ¡es una ganga! O, ¡cómprame! ¡soy algo especial! ¡me necesitas! Así terminamos cediendo nuestro criterio por algo estimulante, convincente y quizás innecesario.

Para mí, cobrar consciencia de ello ha sido todo un proceso: en algún momento me encontré tirando ropa que casi nunca había utilizado, y me sentí mal; en otra ocasión me tropecé con artículos sobre cómo se explota a las personas en fábricas de ropa, cómo hay gente que debe vivir en las ruinas ambientales de esta industria. Después tuve instantes de reflexión, en medio de tiendas grandes y poderosas, en donde me sentí ajena a aquél estado de consumo, envuelta en algo que no me acomodaba.

Así que, poco a poco, he cambiado la manera en que compro ropa, zapatos, celulares, computadoras. Me toma tiempo comprar las cosas porque ahora deben de cumplir ciertos requisitos que, en este mundo tan lleno de productos, es difícil encontrar. Que sea buena calidad, con mucho tiempo de vida. Que no provenga de la explotación, ni de la tierra, ni de los seres humanos. Y que realmente lo necesite. La ropa, en especial, procuro comprarla usada, en muchos casos es de mejor calidad que la nueva, o hecha artesanalmente, ya que es fruto de un proceso que está en armonía con el medio ambiente y cuyo consumo favorece la supervivencia de nuestras tradiciones. En cuanto a la tecnología, hay marcas que cumplen con los Objetivos de Desarrollo Sustentable (SDGs, por sus siglas en inglés) cuya producción busca respetar la vida. Asus es una de ellas, además de ser una muy buena fabricante de computadoras y celulares.


7. Usar la bicicleta como principal medio de transporte

Finalmente les comparto uno de mis hábitos favoritos. La bicicleta es una parte fundamental de mi vida, llevo casi 10 años utilizándola como mi nave espacial y me ha hecho conocer más mundos de los que nunca hubiese imaginado. Además de ayudar al planeta, me ayuda a mí. A apreciar los espacios que transito, observarlos de formas inesperadas y a llenarme de energía. La bicineta es que existen un montón de virtudes de rodar y si ayuda para la motivacion, hay una aplicación llamada Biko que te otorga un punto por cada kilómetro que hayas realizado en bici, puedes canjear tus puntos por entradas gratis a la cinética y al autocinema. Ah, y gracias a mi bicla llego dos veces más rápido a mi destino, take that! Para mi, es la principal herramienta para mantener una buena calidad de vida en medio de la ciudad de México.

Foto: Julieta Julieta

¡Sé que no todxs pueden llevar a la práctica estos hábitos, pero espero les puedan dar ideas!

¡Ah! ¡Y una última!

Ver a los seres vivos, a los animales, las plantas y a las personas, como seres maravillosos, filled with wonders, comenzando por ti. 😉

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