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Insegura (adentro y afuera)

Insegura (adentro y afuera)

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Jaque Jours para FemFutura

El tiempo que las mujeres invierten en decidir qué ponerse antes de salir de casa va más allá de combinar el color de la blusa con el de los zapatos, o de ponerse rímel y pintarse la boca. Este texto hace un recorrido por la mente de una mujer en este proceso, y las consideraciones que debe tener especialmente por la inseguridad de su entorno.

Por Agnes A.

Es hora. Levántate y vístete. Recuerda: sin quedar presa. Porque una entre la ropa se pierde, y con ropa: entre la gente. Y yo que llevo tanto tiempo queriendo encontrarme. Lo importante es vestirse siempre con consciencia, porque no vaya a ser que me tropiece con alguien que me deje tirada y luego me culpen por perderme.

Quería usar falda, pero para ir a casa de Adrián tengo que tomar camión, esos que van llenos de hombres con antojo de que, con un poco de suerte, se les crucen en el camino unas piernas desnudas que les anime el deseo. Luego, sin pena —como a mamá cuando era joven—, en menos de un minuto, sus manos vayan del cuello a la entrepierna de la estimulante. Todo para quitarle una porción de dignidad y, de paso, unos pesos.

No parece que vaya a llover pero, de cualquier forma, no me atrevería a ponerme vestido. Son tres cuadras para llegar al camión y seguro el esposo de la señora Rocío ya está en su caminata matutina. Nunca va más allá de las miradas y el beso de buenos días en la mejilla, pero no vaya a ser que hoy haya despertado con ganas de cambiar la costumbre, como aquel día que se le perdió la mano en mi cintura.

¡Carajo! ¡Olvidé lavar los que no se notan! Ahora tengo que encontrar un pantalón que los disimulen —porque claro, no se vayan a dar cuenta de que uso calzones—. Es un buen día para ponerme algo diferente, hace dos semanas que no veo a Adrián y hace un mes a mi familia.

¿Quién quiero ser hoy? Me gustaría que vieran que estoy trabajando, que he madurado y que me siento bien estando sola; todo eso pero sencilla. Tengo que elegir cuidadosamente la ropa hasta que parezca que no puse mucho esfuerzo en escogerla. A las personas les encanta la sencillez en una mujer.

Si realmente pudiéramos ser sencillas, no necesitaría demostrar nada, pero heme aquí, separando meticulosamente lo que llevaré hoy. Y si me vistiera más real me iría desnuda y con piel sobrada a los costados, sin el deseo de ser otra. Ojalá Adrián no descubra que me vestí para él.

Entonces: dos camiones, casa de Adrián, un taxi a la oficina y otro a casa de mis tíos, en ese orden. Intentaré con dos prendas. Ahora mis opciones se han reducido a: un pantalón y una blusa, claro, sin escote.

Ni siquiera quiero ir. Mejor que mi mamá me encuentre ahorcada con esta bufanda y así evito la tediosa búsqueda de qué blusa se ajusta a todos los caminos por donde pasaré hoy, o evito el infierno familiar con su intrusión en mi estilo, o a mi abuela de palabras descuidadas: «vístete más femenina» —lo que sea que eso signifique.

Me encanta la de botones, pero solo se puede usar en tiempos de calor y cuando el mar queda cerca, porque aquí en la ciudad se te van pegando entre miradas y silbidos en la calle, y luego no puedes caminar con la vista al frente. Lo ideal sería usar cuello alto y pantalón para los traslados, el de flores para Adrián y tacones para la familia. ¡Pero ya, María, ya! ¡Decídete o vas a llegar tarde! Odio esta rutina.

¡Uy! creo que esto me queda perfec… ¡No, no, no! Definitivamente el lunes empiezo a ir al gimnasio. Seguro Natalia se verá espectacular, ella y su cuerpazo que casi puedo oír cómo grita de hambre, pero se puede poner lo que quiera porque todo le queda. No puedo llevar algo que me haga ver así de gorda. Pero claro que Natalia no estaba cenando donas ayer, ¿verdad, María? ¡Aj! Odio perder contra cada mujer que se cruza en mi camino.

Esta tampoco me la puedo poner porque la última vez que la usé, el tío Chico me echó esa mirada que los hombres le avientan a la que se quieren llevar a la cama. Y es que después de nosécuantas cubas, sus besos se empiezan a cargar más a la boca que a la oreja. Ew. Sus abrazos son diferentes, ligeramente más apretados que los de mis tías, siempre se asegura de que nuestros pechos se junten y los míos se aplasten. Mejor probaré con otra blusa.

Me muero de hambre, pero creo que el jardinero está abajo y tendría que cambiarme el short por un pantalón para bajar a la cocina. Mejor me espero.

Qué bueno que no somos de esas familias que se visten formales para los cumpleaños, porque si no, a medio camino me tendría que regresar por un pantalón. Hace mucho que no veo a mis primas, ¿cómo se irán vestidas? No quiero estar overdressed ni underdressed. Aunque siempre hay algo para criticar a una mujer.

¡Mierda, es tardísimo! Me maquillo en el camino… Creo que estoy lista. A ver: bolsa, maquillaje, tacones, tenis, suéter, bufanda, liga, anillos, perfume y, creo que ya. ¡Ah! Toallas. Ojalá mi ropa le despierte algo a Adrián, quiero que me vea guapa, que se arrepienta de haberme perdido.

Qué bonita me veo de negro ¿a poco no? Sí, claro que sí; aunque esta blusa negra me hace sentir que voy a un funeral, ojalá no. Si pudiera elegir, pediría ser invisible para todos excepto para Adrián, pero con esta ropa seguro cuando llegue a la oficina Jorge me dirá que invariablemente me veo igual. Siempre termino siendo la misma, pero viviendo en México, da miedo resaltar. Es mejor no encontrarte para que no te encuentren, porque si brillas, te apagan.

Por fin, a desayunar…

*

¡No! ¡No, no, no! ¡Putamadre! ¡Carajo! ¿Ahora qué? Tenía que ser el jugo rojo y, como puto cliché, justo aquí, entre las piernas. Ningún otro pantalón queda con esta blusa. No tengo otra cosa que ponerme que se ajuste a todos mis planes. ¡Carajo! Mejor me hubiera ahorcado con la bufanda. No hay nada peor que tener que repetir una rutina el mismo día.

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