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Juegos del destino

Escribo esto porque me gustaría crear consciencia a las personas que hacen una acusación falsa y les es fácil lavarse las manos culpando a algún maestro o maestra, cuando la mayoría de los abusos sexuales ocurren en casa o vecinos. Debido a esto maestros y maestras son encarcelados, ya que en nuestro país eres culpable hasta demostrar lo contrario.

Veo al demonio, su color de piel es grisáceo, su mirada dura y fría como un metal. Me ataca, forcejeo con él, me ataca, sigo luchando, detrás de él aparece un hermoso gato de pelaje abundante y blanco como la luz. El sonido del teléfono me despierta, mi corazón late con fuerza, mi respiración está agitada. Tuve una pesadilla, pero realmente es el inicio de algo que me depara el destino.

Trabajo en un Jardín de Niños, amo mi oficio tengo el grupo de primero, niños de tres años. De los cinco años que estuve trabajando, tres años gané el premio como la mejor educadora del año en la zona. No tengo plaza y cubro interinato, al quinto año la educadora dueña de la plaza regresa a sus labores, por lo tanto regreso a mi casa.

Tuve como alumna a una niña de la embajada de Rumania. La madre y la niña son cubanas, el señor es rumano. Al inicio del curso la niña era segura de sí misma, sociable, risueña, muy atenta en sus trabajos, siempre preguntaba para saber más. Durante el mes de octubre faltó dos semanas, la directora me pide que hable por teléfono para saber el motivo de la inasistencia de la criatura.

Hablo a la embajada y me comunican con el papá, dice que pronto la llevará y no da motivo de su inasistencia, me cuelga rápido. Finalmente la niña regresa a clases, la noto extraña, se va a un rincón y llora, no deja que nadie la toque. Desde ese momento se vuelve insegura y muy nerviosa. La canalizo con la psicóloga de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Le aviso al padre, a la madre no la vuelvo a ver. Cuando hablo con él le digo al señor que me urge hablar con la mamá, pero me contesta que ella está muy ocupada haciendo la comida. Le contesto que es más importante su hija que la comida, él se molesta y no vuelve a llevar a la niña al jardín.

Diez meses después, cuando yo ya no trabajaba en el Jardín de Niños, acudieron el padre y la madre de la niña a hacer un escándalo a la escuela. Dijeron que el maestro de cantos y juegos, el de educación física y yo habíamos violado a cuatro niñas y un niño, entre ellos su hija. Los padres de los otros niños están consternados, llevan a sus hijos al médico y al psicólogo para evaluación psicológica, todos salieron bien.

Sin embargo, de su hija nunca se supo pues los resultados de la revisión nadie los vio. Dos meses después nos llega un citatorio de la Procuraduría General de la República (PGR). Escucho la acusación y no doy crédito, me siento mareada, no puedo creer tanta imaginación malvada del padre, los del Ministerio Público le creen todo. Dos meses después hago entrega de mi declaración, para que entendieran que era imposible tanta barbaridad y todas las incoherencias de las que me acusaban.

Siete meses después en todos los noticieros mencionan que tres maestros violaron a cinco niñas y niños de un preescolar. Le hablo a mi abogado y el muy cretino me dijo que “no me preocupara porque todo eso era amarillismo”, que las mujeres siempre exageramos y que esté tranquila. Por supuesto que no lo estoy, veo que esto no se detiene.

Tres meses después como todas las mamás llevo a mis hijas a la escuela, de regreso veo a tres personas en la puerta de mi edificio. Me muestran un oficio con mi nombre para ir con un juez a declarar, me quieren esposar. Pido de favor que no lo hagan, no lo hicieron pero me subieron a una camioneta sin identificar. Tengo a un custodio a mi izquierda, a una a mi derecha y a otro detrás con una metralleta, estoy consternada.

Me llevan a un lugar por la Glorieta de Camarones, aquí hay varios custodios y me piden mi identificación. Quiero ir al baño y una custodia me acompaña, no entiendo qué sucede, me dicen que solo voy a declarar pero si solo voy a declarar entonces ¿por qué me acompaña una custodia al baño?, me pregunto. ¿Será que tienen miedo de que escape?  

Estoy preocupada por el tiempo para recoger a mis hijas en la escuela, ellas van en sexto de primaria y tercero de secundaria. En ese lugar me desnudan, me revisan, me siento humillada, me gritan, me visto, otra vez subo a la camioneta. Ahora vamos a la PGR en el Monumento a la Revolución. Aquí me hacen mil preguntas sobre mí, sobre los niños, sobre los maestros. Todo esto es terrible y levantan un acta, me siento estoy enojada, asustada pero no lloro.

Nuevamente me suben a la camioneta, vamos por Tlalpan, no sé a dónde. Por fin llegamos al Reclusorio Oriente, me dicen que van a entregar los papeles al juez, me dicen que me baje. De frente tengo una puerta enorme y negra que impone, todavía no entiendo que pasa, tocan la puerta y entro. Un custodio pregunta mi nombre, lo anota, pregunta de que se me acusa, digo “violación equiparada”.

Camino un pasillo largo y sucio hasta llegar a un jardincito donde hay ropa secándose toda de color beige colgada en tendederos. Hay como 60 chicas vestidas de beige, en ese momento entendí que estoy encarcelada. Comienzo a llorar por la ineptitud del Ministerio Público y de la injusticia que se está cometiendo en mi contra. Me dan un overol sucio y apestoso para ponerme y una bolsa de plástico para guardar el vestido verde que llevaba puesto. Por momentos creo que estoy en la pesadilla del inicio, pero no, lamentablemente esto es real.

La vida en la cárcel es difícil, es otro mundo, el delito que me imputaban es el más penado entre las reclusas, corrí el peligro de ser agredida por ellas. En situaciones así o te hundes o te levantas y la decisión solamente la tenemos nosotras mismas. Conocí la parte humana de las delincuentes, quién lo hace por maldad o porque la vida las lleva a estas circunstancias. Aprendí muchas cosas pero también fue muy duro estar en un lugar así.

Mi familia siempre me apoyó, odiaba que tuvieran que hacer fila de espera, ser revisados manualmente, caminar un largo túnel y soportar este tipo de ambiente, pero lo hacían por mí y eso se llama amor.

Veintidós meses después me llaman a juzgado aproximadamente a las 18:30 h. Tengo mucho miedo a la sentencia, por ser delito federal la condena sería de 16 a 28 años, repito que tengo mucho miedo. Mis piernas las siento de plomo, cada movimiento es lento, no quiero llegar al juzgado. Mi corazón parece que va a explotar, mi cabeza la siento flotar, camino por los túneles con luz tenue, el ambiente es frío y lúgubre.

Subo cinco pisos, finalmente llego y veo al secretario de Acuerdos a través de la reja, me saluda siempre amable y me lee la resolución: “absuelta y libertad inmediata”. Finalmente hay justicia, no lo puedo creer, parece que la pesadilla está terminando, mis compañeras están felices. A las tres horas estoy afuera, mi hermosa familia que siempre me apoyo otra vez estaba ahí recibiéndome con sus lindas sonrisas, agradezco a todos y cada uno por esos momentos.

Feliz libertad, no la apreciamos tanto hasta que la perdemos.

La realidad fue que cuando la niña faltó a la escuela, su madre estaba en Cuba, ella se quedó con el padrastro, el señor rumano que trabajaba en la embajada. No tenía inmunidad ya que era agregado de prensa. Cuando la madre regresa de Cuba nunca volvió a la escuela, y la última vez que vi a la niña fue cuando le dije al padrastro que canalizara a la niña con la psicóloga.

Para las audiencias llamo a los padres para un careo. Resulta que a los cinco meses de la acusación se van del país, por lo tanto nunca mas los vi. Me pregunto ¿QUÉ LE PASÓ A LA CRIATURA? ¿QUIÉN ABUSÓ DE ELLA? Tal vez nunca lo sabremos, pero qué fácil fue echarle la culpa a otros, con las leyes e investigaciones de nuestro país. Los otros niños supuestamente violados fueron revisados física y psicológicamente y estaban en perfectas condiciones.

Cuando ya estoy libre acudí a la PGR a levantar una contrademanda por difamación. Pasaron meses y meses y no sucedió nada, voy con un senador para ver si me puede ayudar a agilizar la demanda, pero me contestó: “El gobierno no se va a gastar el dinero para cosas personales, solo cuando son daños a la nación”. Le dije que esto se trataba de un posible violador de infantes y que sabía donde estaba, además que podría violar a más niñas. Esto no era venganza, era para evitar más daño, simplemente me dijo: “lo siento”.

Cosas de la vida, el mismo día que me encarcelan, a este demonio enfermo, bastardo lo ascienden a cónsul en Barcelona y sigue haciendo su vida como una persona honorable.

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