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La música: una pasión que no conoce fronteras

La música: una pasión que no conoce fronteras

Florencia Araujo

CRÓNICA VIOLETA – Experiencias de mujeres migrantes

Crónica Violeta es un espacio de diálogo sobre la migración de mujeres para abordar y abrir nuevos itinerarios, nuevas búsquedas y caminos que nos signifiquen ampliar conexiones en los procesos de cambio y de movilidad. La experiencia migratoria de mujeres también está marcada por recurrentes estereotipos, unos velados y otros bien identificados, que pocas veces son expuestos.

Una gran sonrisa se dibuja en el rostro de Florencia Araujo mientras ceba su mate y da pequeños sorbos a la infusión; sin remover la bombilla, como manda la tradición, y sosteniendo con elegancia el porongo, todo un ritual de su Argentina natal. Florencia recoge en un costado del hombro su larga melena para iniciar este viaje por su vida, por su música, sus sueños y proyectos. Desde que abrimos este diálogo es difícil no vibrar con sus palabras llenas de arrojo, emoción y su acento cordobés. 

Florencia es violinista profesional, a la temprana edad de tres años comenzó a tocar el violín, los escenarios son su segundo hogar y las partituras de sus piezas musicales favoritas su alimento. Tuvo el privilegio de estudiar en una escuela de música en su país; por la mañana realizaba las tareas normales de la escuela y por las tardes estudiaba música y canto coral, obtuvo el título de Bachiller Preparador de Coro.

Luego fue a la universidad para continuar sus estudios en música. En su país asistió a la universidad pública, pero para completar la malla curricular exigida por la propia universidad tenía que tomar clases privadas de violín. Pronto se dio cuenta lo limitada que se encontraba si deseaba avanzar con su carrera; en su cabeza y su corazón  se instaló el anhelo de salir de sus fronteras para seguir haciendo lo que más le gusta, música. 

No hay nada más que me llene el alma que la música, no me imagino la vida haciendo otra cosa… La música para mí es mi religión. La música es mi centro de vida en muchos aspectos.”

En el 2013 viajó a Alemania con la firme voluntad de continuar con sus estudios de grado, en el 2018 obtuvo su título de Bachelor (licenciatura) en Música y actualmente estudia la maestría en Práctica de la Interpretación Histórica en la Escuela Superior de Música y Artes Escénicas de la ciudad de Fráncfort del Meno. El estudio es sobre música e instrumentos así como la manera de interpretarlos en el período que comprende de 1600 a 1820. Mientras nos cuenta los detalles de su estudio se mira la fuerza de su pasión y la emoción que le genera hablar de música.

La sólida tradición musical alemana fue el factor que le motivó a viajar a este país, aprender el idioma e integrarse a la  forma de vida y costumbres, estos fueron los primeros pasos a seguir para adentrarse en el mundo de la música clásica o académica como explica Florencia. El desarrollo técnico-compositivo  y cultural, la trayectoria de los grandes intérpretes, además del nivel destacado que la música clásica alcanzó a través del tiempo en países europeos como Austria y Alemania, los convierten en lugares propicios para formarse y perfeccionarse dentro de la música académica, es como venir a la fuente, afirma.

“La música y las artes son el resultado de un contexto social, político y económico de un país, esto sumado a la trayectoria musical alemana, que forma parte de su tradición, le convierte en un excelente lugar para formarse.

Cuando hablamos sobre las dificultades para estudiar música, Florencia sonríe, y nos cuenta que hay muchos obstáculos que derribar desde limitaciones económicas, diferencias culturales, situaciones emocionales y de género. Ya sea en Argentina o en Europa se debe aprender a tocar un instrumento a muy temprana edad para alcanzar el nivel requerido instrumentalmente. Florencia tenía 25 años cuando inició su estudio para obtener su licenciatura, a esa edad en Europa un músico por lo general termina su maestría, aclara. Ella tuvo que desafiar las dudas que se generaron por su edad y superar muchas negativas.   Existen pocas plazas para estudiar, mientras hay músicos de todo el mundo disputando las mismas plazas. 

Mucha gente me decía que no, no vas a poder, que en Europa el nivel es muy alto y no vas a poder. Yo soy testaruda y cuando siento que mi camino va por ahí sigo adelante. Fue difícil desde lo psicológico-emocional porque es un mundo muy competitivo.

Sobrevivir al NO es un trabajo personal, señala Florencia, es importante el autoconocimiento, cultivar la  seguridad en una misma, ni perder de vista la autovaloración y autovalidación, todo esto en su conjunto ha permitido que su tenacidad sea firme para manejar las críticas o negativas. El amor y apoyo incondicional de toda su familia también la alienta a seguir.   Resalta en ella su temperamento fuerte, su temple de mujer con empuje que le ha llevado tan lejos como ha deseado.  

La determinación de Florencia, su autoconfianza, el conocimiento basado en más de 20 años tocando el violín, además de su talento le permitió seguir y sostener su sueño  -estudiar música clásica y concretar un paso muy importante en su vida, vivir fuera de su país. 

Había escuchado tantas veces NO, había tocado muchas puertas, había insistido sin resultados, se había postulado en tantos lugares y cuando su visa estaba por caducar envió un video al conservatorio de Fráncfort agotando su último recurso  y esperanza. Al día siguiente la llamaron para realizar el examen de ingreso, se encontraba en Múnich, tomó un tren, poco importó el cansancio del viaje y la tensión emocional. Ella rindió con éxito su examen, recuerda que ese año solo había una plaza para violín y afortunadamente lo obtuvo cumpliendo su propósito.

Mi madre me dijo antes de rendir mi audición en Fráncfort: ‘llevas toda la vida preparándote para este momento, confía en tus capacidades‘”.

Para Florencia Araujo la música es su centro y la vive con predilección, esta mujer que está entregada a su profesión, actualmente, junto con otros músicos latinoamericanos residentes en Alemania, impulsan un ambicioso proyecto artístico, pedagógico y social: Latin Orchestre of Europe nace con el objetivo de visibilizar la presencia de músicos y la música latina en Europa y tender puentes entre los dos continentes. 

Participaciones destacadas de Florencia Araujo

Desde los 11 años de edad fue violinista Tutti y concertino en diferentes orquestas de Sudamérica y Europa. Habitualmente forma parte de destacados grupos de música de cámara tanto en la música académica tradicional, como en el mundo de la música antigua.

Participó en agrupaciones musicales de cámara y orquestas se destacan: Capitol Symphonie Orchester, Orchester Camerata Frankfurt, Neue Philarmonie Frankfurt, Junge Philarmonie Frankfurt, JSO Berlin Orchester, Beethoven Orchester, Orquesta sinfónica juvenil y orquesta de cámara infantil del teatro del Libertador San Martin, Orquesta Sinfónica de la UNC. También en importantes escenarios como Alte Oper de Fráncfort del Meno, Auditorio de la radio de Fráncfort, Hessische Staatsteather Wiesbaden, Mantova Chamber Festival, Teatro Colón de Buenos Aires, Argentina, entre otros.

Tomó clases con maestros como: Igor Ozim, Schmuel Ashkenazy, Myriam Fried, Simon Bernardini, Andrés Cárdenes, Charles Stegman, Clara Takabare, Ingrid Zur, Jorg Heyer, Jorge Rissi.

Es docente en la escuela de música “Musikschule Seligendstadt-Hainburg Mainhausen e.V” y en la escuela de música “Musikschule der Kreistadt Dietzenbach”.

Fue becaria de la fundación Wagner en Fráncfort del Meno (2017), Hessische Kultur Stiftung (2020) y del programa del DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico). 

Miembro fundadora y presidenta de Latin Orchestra of Europe e.V. (2020)

Actualmente, cursa su maestría de música antigua en la cátedra de las violinistas Petra Müllejans y Mayumi Hirasaki.

El mundo de la música 

Muchas veces se ha considerado a la música clásica como elitista y distante, esta mirada podría deberse a dos situaciones: la primera es que la subsistencia de esta corriente musical necesita y vive del mecenazgo; la segunda estaría relacionada ya con el/la interprete que ejecuta el instrumento, donde el grado de perfeccionamiento lleva a marcar un profundidad y respeto por la pieza musical, por el estilo y el compositor; esto puede confundirse con distancia hacia el público. 

Sin embargo, la percepción es y será subjetiva tanto para el oyente como para el músico.   Florencia explica que al momento mismo de ejecutar un instrumento e interpretar una pieza se reúnen una serie de elementos que están interactuando al mismo tiempo, además, deben estar en permanente verificación y autoexamen como estructura, reglas, técnica, conocimiento, destreza, manejo del instrumento, ego artístico, dominio del cuerpo y la mente, espacio interno y personal del músico. 

Considera que su condición de ser mujer, violinista y migrante en Alemania le ha significado beneficios porque la sociedad alemana reconoce en ella un gran valor, pero no pudo evitar tener el estigma de “pobrecita latina que se esfuerza, la latina que lo logró a pesar de todo”  de por medio, también está un mayor nivel de exigencia al cual comprometerse y responder con excelencia.

Florencia, como ruta en un mapa, nos va señalando todo lo que hay que superar para llegar al lugar que se encuentra en este momento, está por demás decir que el campo que eligió tiene un grado de competencia elevado y riguroso. Hay muchas situaciones y distintas realidades entres los/las propios aspirantes o compañeros/as músicos con quienes se debe competir que son incomparables y eso también forma parte del paisaje.  

Concursas con un mínimo de 250 a 300 violinistas aspirantes que compiten por cuatro o seis plazas en la universidad… Entonces, sí que hay un esfuerzo, sí, que nosotros lo tenemos más difícil, porque las condiciones e historias de vida que se nos presentan son diferentes en nuestros países.” 

En este contexto musical reglado, riguroso y competitivo, la mujer históricamente no ha tenido lugar destacado en la música académica. Florencia menciona algunos nombres de mujeres que en su tiempo no pudieron sobresalir como la hermana mayor de Mozart, Maria Anna Mozart virtuosa del piano y clave. Clara Schumann, pianista, compositora, concertista y esposa de Robert Schumann. Fanny Mendelssohn, hermana mayor de Félix Mendelssohn, ella escribió 460 piezas de música que no pudo publicar, se sabe que algunas piezas se publicaron bajo el nombre de su hermano. 

Como estas mujeres, otras tantas vivieron a la sombra de la figura preponderante de un hombre famoso y también músico. Lentamente las mujeres van haciéndose espacio donde tradicionalmente, como ocurre con otras profesiones, solo dominaban hombres.

En 1983, H. Karajan, director de la orquesta filarmónica de Berlín, ofreció un contrato de prueba de un año de duración a una mujer clarinetista de 23 años, los músicos de la orquesta se opusieron a su ingreso. De los 120 miembros, 119 eran hombres. En 1982 integró la orquesta la primera y única mujer, Madeleine Caruzzo, violinista. Este episodio en una de las orquestas más famosas del mundo marcó un comienzo para la igualdad de género en la música, sin embargo hay aún mucho camino que recorrer.

La orquesta filarmónica de Viena, una de las más destacadas y reconocidas en el mundo de la música clásica, fue integrada hasta 1997 únicamente por miembros masculinos, uno de los argumentos para no admitir a mujeres en la plantilla eran los permisos de maternidad que solicitan las mujeres. De 145 músicos, tan solo 15 son mujeres.  

Un reportaje que se centró en el ámbito de la música clásica y las orquestas expone la brecha de género en la música profesional. «Austria es el país con menor porcentaje de mujeres instrumentistas con un 19%. No llegan a ser ni 2 de cada 10 instrumentistas. Le siguen con menos presencia de mujeres en sus formaciones las orquestas de Alemania e Italia con un 22%.»

Ventajosamente crece el  número de grupos organizados que promueven el cambio. La organización Women in Music invita a discutir sobre la desigualdad de género y a buscar soluciones. En septiembre de 2020 se realizó el III Simposio Internacional de Directoras, en el evento participaron 976 mujeres directoras de coros y orquestas, compositoras, musicólogas y productoras de eventos musicales de América, Europa y Asia.  Como resultado del simposio se elaboró un manifiesto que se puede sintetizar en la necesidad de reivindicar y visibilizar el trabajo de las mujeres en la música, combatir el acoso y la discriminación, promover la igualdad de oportunidades, además de garantizar la educación y desarrollo musical en niñas y jóvenes.

Siguen existiendo diferencias, los hombres siguen ocupando los roles principales. Si miramos videos de orquestas, podemos observar que aún hoy en día los primeros atriles de solistas o guías de fila están ocupados en su mayoría por hombres.

Las pautas no escritas para evitar el acoso

Las mujeres debemos tener muy en cuenta la ropa que llevamos puesta para una audición para no ser sugestivas, para no llamar la atención, para ser correctas… En Alemania las orquestas no te permiten llevar los hombros descubiertos  o una falda más arriba de la rodilla, se lo considera como algo provocador o fuera de lugar.

En el ámbito de la música académica también encontramos casos de acoso. Florencia remarca que mientras más adulta eres lo puedes registrar y tomar más conciencia. El acoso se deja a la libre interpretación que disfraza una insinuación. Ella nos habla desde su propia experiencia cuando buscaba oportunidades para tocar fuera de Argentina; buscaba ampliar contactos, hacía cursos, o tomaba clases en otros países. 

Me ha pasado más de una vez de no saber si el profesor me invita a tener clases aparte porque le interesa mi condición musical o por si tenía otro interés conmigo, pero no te lo hacen saber abiertamente. Cuando tú vas la conversación redunda en otros temas, ves cómo te miran, cómo te hablan. También hace cometarios extra musicales, referidos a tu aspecto físico, que nada tienen que ver o influyen en tu calidad de músico/intérprete.

En el trabajo o en el estudio se encontrarán mensajes fuera de lugar, formas solapadas de acoso, referencias a las protuberancias femeninas, a la condición física, emocional de las mujeres, comentarios “graciosos” que se han normalizado. Florencia, con actitud muy firme, ha detenido cualquier avance y celebra que ahora los hombres sean más cuidadosos por temor a ser denunciados.  

“Yo respeto lo que hago y aspiro a que el otro también tenga respeto y que no use su posición de poder para aprovecharse de mi deseo de seguir evolucionando en mi profesión. Lamentablemente me ha pasado muchas veces y me sigue pasando.

Movimientos como #MeToo (2017) animaron a que mujeres de diversos campos artísticos expusieran públicamente sus experiencias de agresión y acoso sexual, también provocó el debate sobre el acoso y misoginia en el mundo del arte. Estas voces que cuestionaron en su momento, y siguen cuestionando determinadas prácticas tradicionales o normalizadas, han llevado a poner de alguna manera un alto a estas situaciones y que se pueda alzar la voz para exigir mayor participación de las mujeres y equidad en todos los espacios de la vida. 

Dialogar con Florencia me deja una agradable sensación, motiva e inspira, invita a permitirse soñar y confiar en tu potencial, donde la posibilidad de que tus anhelos se cumplan requiere de mucho coraje e impulso, pero sobre todo amor y fidelidad a una misma.  

Actualmente, con el desarrollo de la tecnología nos hemos acostumbrado al pulsar una tecla y que todo llegue luego de hacer un clic, vivimos en un mundo de resultados inmediatos, descartamos el proceso, aplicamos el mínimo esfuerzo y rehusamos todo lo que pueda ser laborioso o  genere malestar. Testimonios como estos nos recuerdan la necesidad de sentir una voluntad inquebrantable, la perseverancia que puede llevarnos tan lejos como deseamos ir. No basta con soñarlo, es necesario trabajar con insistencia y prepararnos toda la vida para los pocos minutos que significa la puesta en escena. 

Durante la entrevista Florencia nos decía que es una irreverente natural, la dueña de esta irreverencia nos confronta con el respeto, el amor, el sentir de la música, que ya no más podemos percibirla distante, ni que solo pertenece a un grupo privilegiado.    

Tocar un instrumento te vincula con tu sentir y tu cuerpo, te hace consciente de pequeños movimientos, de partes de tu cuerpo, tu sentir interno, de tu respiración, de tu relajación. Si todo eso no existe no puedes ejecutar un instrumento. El instrumento  es parte de tu cuerpo, se vuelve una extensión de tu cuerpo… Te lleva a hacer consciente, a gestionar emociones con la música y eso es lo más maravilloso que hay.

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