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Las noches del Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan

Semillero Huellas del caminar de la comandanta Ramona en el Caracol Torbellino de Nuestra Palabra, Montañas Zapatistas en Resistencia y Rebeldía. Chiapas. Diciembre, 2019.

El campamento se levantó. Fue una tarea que duró hasta altas horas de la noche. Así como llegaban los camiones de diferentes estados, aparecían nuevos bloques de campistas por las colinas. Se descargaban maletas, iluminando con linternas en mano o con cintas a la cabeza, buscando espacios disponibles. Las Milicianas Zapatistas subían a los techos de las camionetas y bajaban diestramente la carga.

Foto: Fer H García Besné / @ferbesne.

Eran tantas las asistentes que las últimas tuvieron que poner sus tiendas incluso antes de la puerta principal en la que se leía: “Bienvenidas al Segundo Encuentro de las Mujeres que Luchan”. Algunas, en medio del ajetreo, se escabulleron entre el deslumbrar de las linternas que daban en la cara y de los gritos para encontrar algo o a alguien y se fueron a una exploración nocturna del espacio.

Al cruzar por la puerta se extendía, entre tiendas de campaña, un camino hasta llegar a los comedores y el templete, estructuras que delimitaban la explanada principal, alrededor solo de divisaban montañas.

Todas se preguntaban: “¿cuales serían las actividades? ¿cómo y a qué hora sería la inauguración?”, paseaban por los espacios encontrando (sin ayuda de celular o internet) a amigas de otros estados y países. Se hablaban de proyectos y personas conocidas. Muchos abrazos custodiados por las zapatistas que realizaban la guardia. Esta vez veo muchas jóvenes, comentaron dos mujeres de unos 60 años. 

El sueño se concilió entre dudas: cómo sería la inauguración, cómo íbamos a saber los horarios de los talleres. Las estrellas, las montañas ¿estaba lloviendo? No, era el ruido del viento entre los árboles. La noche fue fugaz, quería alcanzar rápidamente el amanecer, transformarse en medio día para al fin ver a todas las soñadoras en el patio principal formando filas. 

En primera fila el grupo de milicianas. Al frente de la ceremonia, desde el templete, la comandanta Amanda saludó a 3 mil 259 mujeres y a sus 95 crías. Con palabras sencillas recordó las formas en las que el mundo capitalista y su sistema global (en el cuál crecieron las ahí reunidas, provenientes de 49 países) ha presumido cambios, posicionado a mujeres en el poder o generado símbolos; hasta superheroínas en las pantallas grandes, pero nos siguen asesinando.

Foto: Fer H García Besné / @ferbesne.

La frase, el hecho de que los feminicidios continúan perpetuándose, resonó varias veces entre cada ejemplo de empoderamiento brindado por el patriarcado. El escalofrío de esa frase, el sentimiento que se alzó entre el recuerdo de quienes ya no están y el saber que la máxima expresión de sometimiento y odio no ha parado. Luchar y resistir es acabar con esta situación,  ir contra las ideas y acciones que las vuelven vulnerables, es transformar por completo al mundo. 

En la bienvenida se dijo que hicieron ese espacio para poder aprender de luchas ajenas y reconfortarse las unas a las otras, se habló del poder que ya algunas mujeres poseen, pero que solo replica o fortalece el de los hombres poniéndose en contra de las más vulnerables. Se advirtió de las enemistades entre mujeres por competencias patriarcales, señalando que es mejor aliarse por la libertad.

Pero sobre todo ellas, las zapatistas esperan que al alcanzar nuestro cometido estemos tan resueltas, cada una consigo misma que no tengamos un orgullo tan débil como el de los hombres que empiezan riñas cuando alguien ofende su orgullo masculino.

Hubo un segundo mensaje: un performance protagonizado por las compañeras Milicianas marchando con la música de “Diecisiete años” de Los Ángeles Azules, haciendo un espiral alrededor de una niña, la custodian en un caracol. Los elementos se explican casi por si mismos. Las asistentes, acostumbradas a ser público, enardecen. 

Pronto se descubrió que no habría un horario establecido. En el templete se abrió espacio para compartir la rabia digna, tomar la voz, todas pueden convocar a un grupo especifico o un taller. Comenzaron a formarse círculos, entre ellos van algunas que caminaban. Integrarse a una charla era estar dispuesta a escuchar y dialogar, requería trabajo. 

Foto: Fer H García Besné / @ferbesne.

De nuevo la noche se apareció, quería hacernos sentir más cerca. En verdad el lugar era un torbellino de palabras, de canciones sería mejor decir. Soy Espiral que va al centro, al centro del corazón, soy el tejido soy la tejedora, soy el sueño y la soñadora. Proclaman mientras hacen espirales. Algunas paraban en el círculo de Son Jarocho zapateando. Entre un grupo y otro se escucha: ¡Oye! ¿en el templete pusieron música de Mon Laferte? ¿no te diste cuenta? era ella quien cantaba en vivo“.

Se creó un ambiente festivo dentro de aquel espacio en el que ya no solo se imagina cómo es estar libre de feminicidios, sino siéndolo realmente. El murmullo de las danzas llegaba a las tiendas de campaña vacías. Se poblaba la noche, mientras se prendían fuegos para calentar el café.

Cada vez hubo más llamas en medio de la oscuridad. En la tercera noche se presentó un colectivo circense que hacía piruetas y hasta bailaba hula hula con aros encendidos Las brujas del fuego. Tal vez ellas fueron quienes conjugaron encuentros entrañables y un tanto misteriosos entre desconocidas entorno a la fogata.

Al atardecer siguiente se realizó el performance Un violador en tu camino. No todas las asistentes se reconocían dentro del movimiento feminista o algunas aún no habían encontrado dinámicas y espacios en sus contextos para librar inseguridad, discriminación o salvar la vida. Al asistir demostraban apertura a diferentes expresiones destinadas a acabar con el problema de la cultura y el sistema en el cual las mujeres son las más agredidas.

Al entrar en ese territorio se tuvo la ilusión de dejar atrás muchos mundos, en realidad el mundo de cada una se coló por la puerta de entrada, cada una de las compañeras sigue reencarnando su realidad. La organización necesitará de un trabajo personal, de tirar el sistema desde el interior y las redes, será preciso encontrar nuevos puntos de conexión. 

“Esto pensamos que es importante porque, si no nos escuchamos entre nosotras mismas como mujeres que somos, pues no sirve lo que hacemos, porque quiere decir que no somos mujeres que luchan por todas las mujeres, sino que solo lo hacemos por nuestra idea, nuestro grupo o nuestra organización.” Estas fueron las palabras en la clausura. Amigas de diferentes latitudes se despedían en el ajetreo de encontrarse en el último momento.

Foto: Fer H García Besné / @ferbesne.

De repente, en medio de esta experiencia hubo algunas que querían una movilización más grande, un despojo de privilegios más radical, incluso su desconcierto al ver que no hubo un horario establecido se convirtió en decepción. Querían encontrar a gente más abierta, temas más inclusivos.

Tanto las satisfechas como las que estaban frustradas se asumieron como mujeres que luchan porque asumen que mientras el mundo no cambie, de ellas depende su seguridad, su bienestar. Saben que no hay descanso en ello, están conscientes y ahora lo hacen, lo quieren hacer, de una forma dirigida, grupal. 

¿Al final se armaron realmente resoluciones? Preguntan quienes estuvieron afuera, hay gente deseosa de evaluar lo que pasó, incluso de las que fueron se sabe que muchas no tienen idea de si fue útil o como tenía que ser. Pero pudimos apreciar y compartir la libertad que un grupo, antes de los más vulnerables, ha conquistado y eso posee ya una fuerza simbólica por sí mismo, una fuerza que clama: “Nunca más un México sin nosotras”.  

Los dos Encuentros Consecutivos de Mujeres que Lucha emergen del contexto que las zapatistas han construido ya por 25 años, desde el momento en que la comandanta Ramona y la mayor Ana María movilizaron y crearon una organización para que las mujeres fueran contempladas como sujetos activos con derechos dentro del movimiento de guerrillas mediante La ley revolucionaria de Mujeres.

Si su grupo iba a reivindicar sus derechos, pelear con la colonización e incorporar actividades y programas para hacer posible el EZLN ellas iban a crecer con ellos. Ellas ya han conquistado en su mundo.

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