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Lectura feminista 2: Mujer que sabe latín… de Rosario Castellanos

El 25 de mayo se cumplirán 94 años del natalicio de la escritora mexicana Rosario Castellanos. Aprovechando esta fecha queremos revisar uno de los ensayos de su libro Mujer que sabe latín…, publicado en 1973, en el que la escritora recopiló textos que hablan sobre el ser mujer y específicamente de otras escritoras.

Para las que aún no estén familiarizadas con la obra de Rosario Castellanos es importante enfatizar que no solo era una ensayista brillante pero también una gran poeta, dramaturga, novelista y cuentista. Mujer que sabe latín… fue uno de los libros con mayor tiraje en su época ya que la Secretaría de Educación Pública (SEP) publicó 40 mil ejemplares, muchos de ellos destinados a bibliotecas estatales.

No sé si han escuchado ese refrán que dice: “Mujer que sabe latín, ni se casa ni tiene buen fin”. Es por este dicho mexicano que Rosario Castellanos decide titular así su libro, ya que es una compilación de ensayos relacionados con la mujer y específicamente habla de otras escritoras brillantes como Virginia Woolf, Violette Leduc y Agatha Christie, entre otras.

En esta segunda semana del club de lectura revisaremos el primer texto del libro titulado “La mujer y su imagen”, en donde Rosario Castellanos retoma el pensamiento de Simone de Beauvoir para analizar cómo se ha formado el mito de la mujer. En este punto ya sabemos que la mujer no tiene una esencia, sino que es una construcción social e histórica, además un sujeto creado por la sociedad patriarcal y al cual los hombres le han dado valores ambivalentes.

Por un lado, los hombres dicen que las mujeres son casi como seres divinos, pero por otro, las confinan a un espacio privado, las humillan y le prohíben ciertas actividades que no consideran propias “de su género”. La tesis más importante de este capítulo es que la sociedad patriarcal ha anulado a las mujeres de manera estética, moral e intelectual. ¿De qué manera?

Estética

La sociedad patriarcal hace énfasis en que el principal atributo de la mujer es su belleza. Pero muchas veces la construcción de esa belleza, el ideal que perseguir, es dañino para las mujeres. Lo que los hombres buscan es que las mujeres hermosas sean inválidas, inútiles y débiles. Solo así tendrán un cuerpo delgado, frágil y vulnerable, a través de eliminar su carne mediante el uso de fajas y dietas. Este era el ideal de belleza en la época de Rosario Castellanos y podemos darnos cuenta de que persiste hasta la fecha.

Asimismo habla sobre el uso de uñas largas y el tener manos hermosas, para lograrlo las mujeres no deben trabajar y tener tiempo para cuidarse. Además, tener el pie pequeño demanda que las mujeres utilicen zapatos diminutos que deforman sus pies y que les imposibilitan moverse, incluso las zapatillas dificultan a las mujeres algo que debería ser tan normal como caminar o correr.

Debido a esta exigencia, las mujeres están obsesionadas con estos ideales y dedican su energía y tiempo a obtener la aprobación masculina. Por supuesto esto no nos parece una locura ya que estos mismos estándares de belleza se imponen hasta nuestros días.

La obsesión por la delgadez sigue dejando mujeres inconformes con ellas mismas que tienen que recurrir a dietas constantes o que están obsesionadas con alcanzar tallas imposibles. Esto provoca desde baja autoestima hasta trastornos alimenticios y corporales. De esta manera la sociedad patriarcal mutila a la mujer al exigirle que sea menos de lo que es para obtener el cuerpo ideal, el cual es imposible de lograr.

Ética

La sociedad patriarcal exige a la mujer que sea pura, tan pura que debe ser ignorante de sí misma. Es decir, la mujer debe desconocerlo todo sobre su propio cuerpo, incluyendo la parte sexual. Además, debe ser incapaz de decidir por sí misma y debe obedecer lo que le dicen otros hombres, especialmente su padre y su esposo, ya que ella no puede tener una opinión propia.

En la maternidad, a pesar del sufrimiento y el dolor, la mujer debe estar segura de que dará todo por sus hijos, ya que esta es su principal labor y su única realización. También debe ser fiel a su marido, laboriosa en casa, paciente, abnegada, recatada, sumisa y leal, de lo contrario la mujer pierde el valor concedido por aceptar este rol.

Intelectual

Por último, la mujer ha sido construida por la sociedad patriarcal como alguien incapaz de aprender. En la historia, diferentes filósofos, incluyendo a Schopenhauer, hicieron estudios, ensayos y dieron “pruebas” de por qué las mujeres eran incapaces de aprender.

Especialmente se veía a la mujer incapaz de pensar cuestiones complejas, por lo que se le alejó de los estudios al pensar que no podrá entenderlos ya que su mente y su espíritu son esencialmente más débiles que los de los hombres. No solo eso, además en su búsqueda de la pureza, la mujer también debe ser ignorante tanto de sí misma como de otros temas que puedan otorgarle “malicia”. Esto se ha visto a lo largo de la historia, ya que las mujeres que querían aprender eran mal vistas socialmente e incluso desprestigiadas y violentadas.

Aunque ahora tenemos acceso a las universidades y a ciertas áreas laborales, muchas disciplinas como las ingenierías y las ciencias siguen considerándose como “masculinas” y las mujeres que se atreven a estudiarlas muchas veces sufren acoso y discriminación de parte de profesores y compañeros.

Imagen: Archivo General de la Nación.

¿Cómo lograr un cambio?

A pesar de la manera en que la sociedad busca mutilar a la mujer, las mujeres también pueden llegar a cambiar estos roles tradicionales y “elegirse a mí mismas”. Rosario Castellanos explica que:

Para elegirse a sí misma y preferirse por encima de los demás se necesita haber llegado, vital, emocional o reflexivamente a lo que Sartre llama una situación límite. Situación límite por su intensidad, su dramatismo, su desgarradora densidad metafísica.

Mujer que sabe latín…, p. 17.

Para que la mujer llegue a ser lo es, debe rechazar las ideas que se le imponen y se le han dado como “naturales” y esenciales por el patriarcado ya que la confinan a roles tradicionalmente femeninos como el ser solamente madre o esposa.

¿Quién era Rosario Castellanos?

Rosario Castellanos vivió su infancia y adolescencia en Comitán, un pequeño pueblo en Chiapas. Rosario fue criada por su nana llamada Rufina, quien era una indígena tzeltal. Tal vez esto motivó a Rosario Castellanos a interesarse por el tema de los indígenas, el cual exploró en diversas obras, como en su libro Balún Canán.

Su padre era un hacendado de esta región, sin embargo perdió sus tierras cuando entró en vigor el Código Agrario decretado por Lázaro Cárdenas. Es por eso que su familia se mudó a la Ciudad de México para empezar de nuevo. Afortunadamente esto permitió a Rosario continuar sus estudios a los 16 años, lo cual hubiera sido difícil en Comitán donde el siguiente paso para ella posiblemente hubiera sido casarse.

Empezó estudiando Leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México, sin embargo, se dio cuenta que ese no era su camino por lo que optó por cambiarse a la carrera de Filosofía, para 1950 concluyó la maestría en esta materia y fue una de las primeras mujeres mexicanas en obtener ese grado. Posteriormente estudió, junto con Dolores Castro, en la Universidad de Madrid.

Regresó a México y siguió trabajando en sus libros y en sus textos que aparecían en diversas revistas culturales y periódicos como Excélsior. Su labor como escritora logró que se volviera diplomática, como lo fueron muchos escritores mexicanos, por lo que fue nombrada embajadora de México en Israel, lugar donde en una entrevista dijo haber pasado sus mejores años.

Lamentablemente murió en ese país en 1974. Sus restos fueron enterrados en la Rotonda de los Hombres Ilustres, que afortunadamente ya cambió su nombre a la Rotonda de las Personas Ilustres. (Por cierto, de las 113 personas que se encuentran ahí, solo 8 son mujeres).

Imagen: Archivo General de la Nación.

¿Por qué es importante?

A pesar de ser una gran ensayista y de haber cultivado este género que publicó en Excélsior durante gran parte de su vida, no recibió el reconocimiento que merecía en el país. Como mencionó en una de sus entrevistas en Tel Aviv: “El mundo que para mí está cerrado tiene un nombre: se llama cultura y sus habitantes son todos del sexo masculino”.

Casi no ha sido mencionada entre los ensayistas mexicanos más importantes en diversas antologías. Por supuesto esto pone en evidencia que el canon de la literatura mexicana ha sido formado por hombres y para consumo de otros escritores hombres.

Rosario fue una defensora de los derechos de las mujeres y también les “abrió el paso” a muchas escritoras de su época que estaban comenzando su carrera. Sin duda es importante para las interesadas en feminismo latinoamericano, o a quienes disfruten de leer poesía, ensayo o novela, si no la has leído te recomiendo que te acerques a cualquiera de sus obras.

Rosario Castellanos nos enseña que hay que mantener un espíritu crítico ante las instituciones tradicionalmente patriarcales como son la familia, la religión y la patria. Como dice en uno de sus poemas:

“Debe haber otro modo que no se llame Safo / ni Mesalina ni María Egipciaca / ni Magdalena ni Clemencia Isaura. / Otro modo de ser humano y libre. / Otro modo de ser.”

Meditación en el umbral

Puedes descargar el texto de “La mujer y su idea” en este link. Comparte tus opiniones, inquietudes e impresiones del texto en redes. Utiliza el #FemFutura para continuar el diálogo.

¿Te perdiste la primera sesión? Lee club de lectura feminista 1: El segundo sexo de Simone de Beauvoir.

Imagen de portada: Paulina Mendoza.

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