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Lectura feminista 3: Mujeres, raza y clase de Angela Davis

En esta tercera sesión del club de lectura feminista, Ileana Muñoz hace un resumen del capítulo 5 “El significado de la emancipación de las mujeres negras” del libro Mujeres, raza y clase de Angela Davis. Este texto también sirve de introducción para explorar el concepto de feminismo interseccional.

Angela Davis, originaria de Birmingham, Alabama, tenía 37 años cuando escribió el libro Mujeres, raza y clase (1981). Ya había sido encarcelada y juzgada por colaborar en el intento de escape de George Jackson, un hombre negro condenado a prisión en el famoso caso de los Soledad Brothers. Ella era miembro activo del Partido Comunista al cual se afilió en el 68 y en 1980, un año antes de publicación de este libro, fue candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos siendo ya una importante activista y académica.

Luego de la publicación de Mujeres, raza y clase, Davis comenzó a ser considerada como feminista, sin embargo, su respuesta era sistemática. Ella no se consideraba una feminista sino simplemente una mujer negra revolucionaria. ¿La razón? Hasta ese momento el significado del feminismo estaba ligado a las mujeres blancas y burguesas cuyas luchas no tenían ninguna relación con la situación de Davis y su comunidad, heredera del esclavismo, la servidumbre doméstica y el racismo inscrito profundamente en la sociedad.

Lo que Angela Davis entendió en su momento y nos muestra en su libro es que el concepto de ‘mujer’ nunca es único. La situación de las mujeres está determinada culturalmente no sólo por su sexo sino también por su condición social, laboral, racial y educativa. En ese sentido, el feminismo debería ser siempre interseccional, es decir, nunca ser ingenuo a los distintos poderes que oprimen a un mismo sujeto. La clase y la raza, en este caso, son dos vectores fundamentales para comprender la situación de opresión de ciertas mujeres y no pueden ni deben ser separados del feminismo. Incluso en 2017, Davis declaró tajantemente:

“Todo el feminismo que busca privilegios para los privilegiados es irrelevante.”

Conferencia en en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, 9 de octubre de 2017.

Las mujeres negras y el racismo cultural en Estados Unidos

En este breve resumen nos ocuparemos principalmente del capítulo “El significado de la emancipación para las mujeres negras”, en el que se centra en la situación de las mujeres después de la abolición de la esclavitud en el Código Penal de Estados Unidos en 1865. Este capítulo y, en general el libro de Davis, es un estudio histórico de las condiciones sociales de hombres y mujeres negros en el paso de la esclavitud a la “emancipación”, destacando que a pesar de la abolición de la esclavitud, este periodo de posguerra consolidó aún más un racismo que mantuvo a las clases bajas y negras en el eslabón más bajo de la sociedad y prácticamente sin ninguna posibilidad de modificar su situación.

En 1890, años después de la obtención de su libertad, la condición de las mujeres negras no había cambiado mucho con respecto a lo que vivieron sus madres o sus abuelas. Seguían trabajando en plantaciones, como lavanderas o en el trabajo doméstico (únicamente que ahora podían trabajar jornadas extenuantes para varias familias en lugar de dedicarse a una sola).

Las más afortunadas lograban trabajar en la industria, sin embargo, eran los trabajos peor pagados y tenían condiciones insalubres, compartiendo esta suerte sólo con mujeres inmigrantes europeas. Por si esto fuera poco, era por todos sabido que las mujeres en el trabajo doméstico – un eufemismo para un trabajo que rozaba con la esclavitud -, debían aguantar abusos sexuales de sus empleadores blancos, quizás el elemento más temido de este tipo de trabajo.

“Las mujeres de color eran vistas como la presa legítima del hombre blanco y si se resistían a las agresiones sexuales de este, eran arrojadas con frecuencia a prisión para ser doblemente oprimidas”.

Davis, Angela. “El significado de la emancipación para las mujeres negras” en Mujeres, raza y clase, Ediciones Akal, 2004, Madrid, España, p. 95.

Las mujeres negras estuvieron atrapadas en el trabajo doméstico hasta la llegada de la Segunda Guerra Mundial cuando su trabajo en la industria se volvió absolutamente necesario para lidiar con los costos de la guerra.

Imagen: Jaque Jours.

Para las que siguen nuestro club de lectura recordarán que para Simone de Beauvoir un elemento clave en la emancipación de las mujeres es el trabajo. La mujer debe obtener su independencia económica para así poder emanciparse de la opresión del hombre y del trabajo doméstico. El capítulo de Angela Davis leído a la luz de este principio resulta revelador y nos hace cuestionarnos: ¿El trabajo es realmente emancipador? ¿Qué tipo de trabajo emancipa y cuál enajena? Una vez más, está claro que la lucha no es la misma para todas y que cuando hablamos de trabajo también es importante mirar las condiciones bajo las cuales este se da.

En cuanto a la relación de las mujeres negras con las blancas, Angela destaca que uno de los elementos más humillantes era la idea de que las mujeres negras eran aceptadas solo en tanto que servidumbre pero no como personas independientes.

Prueba de ello eran las Leyes de Jim Crow, que estipulaban que debían haber espacios separados para negros y blancos en restaurantes, escuelas y transporte público. Podían ser suspendidas únicamente cuando una mujer negra iba en calidad de subordinada. Podía sentarse en la zona de blancos pero solo si lo hacía como sirvienta de otra mujer blanca. Esta situación perpetuó el estereotipo racista de que la servidumbre era un trabajo “apto” sólo para los negros y como bien lo señala Angela Davis:

“La definición tautológica de las personas negras como sirvientes es, efectivamente, uno de los recursos esenciales de la puesta en escena de la ideología racista”.

Ibid, p. 100.

Incluso las mujeres más educadas y con ideas más progresistas se veían envueltas en el racismo intrínseco en su cultura. Angela Davis denuncia de esta forma al feminismo burgués en una cita que resulta alarmantemente actual:

Las mujeres blancas, incluidas las feministas, han mostrado un rechazo histórico a reconocer las luchas de las empleadas del hogar. Y pocas veces se han implicado en la tarea de Sísifo que supone tratar de mejorar las condiciones en las que se desempeña este trabajo. La conveniente omisión, pasada y presente, de los problemas de las trabajadoras domésticas en los programas de las feministas de ‘clase alta’ a menudo se ha revelado como una justificación velada, al menos por parte de las mujeres adineradas, de la explotación a la que ellas mismas someten a sus criadas.” Ibid, p. 101.

Para la Angela Davis de 1980, pero también para la académica y activista del 2018, la única solución posible es la revolución. Una revolución de las mujeres más desfavorecidas, las mujeres negras, mujeres pobres, mujeres transexuales. Pero no se trata de una lucha por la inclusión porque lo que ha permitido la relegación sistemática de ciertos grupos sociales y, en particular de hombres y mujeres negros, es un sistema blanco heteropatriarcal. Para Angela Davis el objetivo no es ser incluido en dicho sistema sino, por el contrario, cambiar el sistema de raíz. En pocas palabras, para Angela Davis el feminismo no es nunca pasivo. Siempre busca revolucionar principios y remover consciencias.

Todo movimiento y toda perspectiva tiene puntos ciegos. Todos nos enfrentamos a la realidad desde una posición cultural, social e histórica, llevando a cuestas nuestros prejuicios, nuestra visión de mundo y nuestro contexto. Lo que un texto como el de Angela Davis nos permite, sobre todo para quienes nos consideramos feministas desde nuestra propia realidad, muchas veces privilegiada, es echar un vistazo en la realidad de otras mujeres cuyas luchas históricas continúan y deben ser respetadas y reconocidas.

Leer este texto nos permite replantearnos nuestros privilegios y nuestra condición social para hacer consciente que la posición desde la que hablamos y actuamos nunca es neutra pero sí puede y debe siempre buscar la empatía y la inclusión.

Imagen de portada: Paulina Mendoza.

Puedes descargar el libro Mujeres raza y clase en este link. Comparte tus inquietudes, opiniones e impresiones del texto en redes sociales y ocupa el #FemFutura para continuar el diálogo.

Lee la segunda sesión del club de lectura: Mujer que sabe latín… de Rosario Castellanos.

¿Te perdiste la primera sesión? Lee El segundo sexo de Simone de Beauvoir.

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