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Más allá de mis cicatrices: reflexiones sobre la autolesión

La mayoría de mis escritos parten de mi intimidad y sin embargo nunca antes había abordado este tema. Con las colaboraciones de la primera semana en FemFutura, al ver que otras chicas contaban sus historias aunque fueran difíciles para ellas, decidí que también quería abordar un tema que me incomoda mucho, pero que siento que es necesario y que me hubiera gustado encontrarme un texto similar cuando era adolescente.

Comencé a cortarme cuando tenía 15 años, al principio fue una cosa simplona, algunas marcas que hacía con la uña sobre mi mano de manera repetitiva, tanto que después de unos minutos la piel comenzaba a abrirse y después de unos días se me formaban costras. En ese momento no pensé en este comportamiento como algo malo, era algo que hacía cuando me sentía presionada por la escuela o por esa constante sensación de sentirme fuera de lugar en cualquier sitio.

A esa edad mis emociones estaban desbordadas, no sé si eran las hormonas adolescentes o simplemente no comprendía cuál era mi lugar en el mundo. Sentía mucha culpa porque tenía una familia que me quería, una casa, una escuela, amigos y sin embargo no me sentía feliz, sentía que era insuficiente, que estaba de más en el mundo, que no merecía nada de lo que tenía. Eventualmente esos pensamientos se hicieron recurrentes, en esa época no tomaba alcohol, leía muchos libros y escuchaba música triste, digamos un clásico comportamiento adolescente.

Pero todo fue como una bola de nieve, pensamientos y hábitos que empecé a adoptar se fueron haciendo más dañinos con el paso del tiempo. No quiero entrar en demasiados detalles, digamos que si las primeras marcas las hice con las uñas con el tiempo empecé a ocupar navajas y objetos punzocortantes.

A los 18 años me fui de la casa de mis papás a estudiar afuera de Oaxaca. Fue una oportunidad para crecer, aprender y hacerme responsable de mí misma. Pero también fue un momento perfecto para sumirme en comportamientos que no eran saludables. Si me sentía triste o ansiosa, recurría a unas pequeñas cortadas en los brazos para tranquilizarme. No era algo de todos los días, digamos que lo guardaba para situaciones “especiales”, cuando de verdad sentía que no podía calmarme, que mi llanto y mi dolor eran insoportables, era una manera de volver en mí.

Llegaron los 20, los 21, y mi depresión se hizo todavía más grave. En esa época comencé a beber, comencé a salir de fiesta, a conocer a otras personas y otros estilos de vida. Y siempre recuerdo lo mismo, sentir que yo no debía estar ahí, sentir que yo le quitaba el espacio a alguien que sí lo merecía, que no tenía ningún valor. Mis ataques de ansiedad se hicieron más y más fuertes y mi tristeza era como un grillete del que no podía escapar. No sabía cómo pedir ayuda, no sabía siquiera que podía pedir ayuda.

Entonces las cortadas mínimas se volvieron impulsos autodestructivos fuertes, en los brazos, en las piernas, en la panza. Recuerdo mirarme al espejo y pensar cosas terribles de mí misma. Digamos que mi autoestima estaba por los suelos y eso también me motivó a lastimarme.

Foros de cutting y self-harm

Lamentablemente en esa época había poca conciencia de estos problemas y lo que me encontré en Internet fueron foros de otras personas dando consejos para “no ser descubiertos”. Descubrí que había toda una cultura de las autolesiones en foros, la recomendación era cortarse en los muslos o en las costillas, lugares donde difícilmente otras personas van a ver tus heridas. Estos comportamientos no venían solos, había también personas que sufrían de anorexia o bulimia, o de trastornos obsesivos compulsivos que recurrían a autolesionarse como manera de calmarse o ejercer control sobre ellas mismas.

En esa época yo sentí que era mi decisión si quería hacerme daño, digamos que mi cuerpo era el único espacio donde yo sentía que tenía un control. Ahora lamento esos comportamientos porque no solo me dañaron, dañaron a personas que estaban cerca de mí, dañaron a mi exnovio quien me vio cortándome, a mi amiga quien vio como me limpiaba la sangre en un lavabo de la escuela y a las personas que me rodeaban y que no sabían cómo aconsejarme o qué decirme. Por supuesto dañaron a mis padres cuando vieron mis cicatrices y en su mente se preguntaban qué habían hecho mal para que yo lastimara mi cuerpo de esa manera.

Tengo 29 años y llevo cinco años sin cortarme. Cada vez que lo he hecho ha sido en situaciones donde sentí que no podía controlarme, que la única manera de tranquilizarme era haciendo eso. Me han explicado que al herirnos, nuestro cerebro segrega endorfinas, lo que nos ayuda a tranquilizarnos, tal vez eso era lo que andaba buscando en ese comportamiento.

Foto: Gabrielle Henderson.

Mis cicatrices son visibles, y sé que muchas personas me juzgan, sin decirlo, cuando me ven. Una vez una persona me preguntó si había estado en la cárcel al ver mis heridas, otra vez, los amigos de una persona con la que empezaba a salir me preguntaron si “era una suicida”, incluso mi familia se ha incomodado cuando ven mis cicatrices y no saben cómo reaccionar.

Quiero que este texto sirva para que tengamos empatía con las personas que se han autolesionado para que acabemos con prejuicios. Las personas que se lastiman no necesariamente son criminales, no son drogadictas, no son suicidas. Tal vez es la única manera que han encontrado para sentirse mejor en un ataque de ansiedad o de pánico. En este sentido, podemos ayudarlas a través de terapia, medicamentos y hacerles saber que no es necesario lesionarse, que hay otras maneras de sentirse mejor sin hacerse daño.

Muchos piensan que la autolesión solamente es cortarse, pero son muchas cosas: matarse de hambre, comer excesivamente, decirse groserías frente al espejo, ponerse en situaciones de riesgo, tener sexo sin protección, golpearse en la cara y brazos, beber en exceso, cortarse el pelo uno mismo, lastimarse físicamente, entrar en peleas a cualquier provocación, consumir drogas para perder la conciencia, rascarse obsesivamente la misma zona, quemarse la piel con cigarrillos, morderse los dedos, tener relaciones con personas que nos lastiman física o psicológicamente, alejar a nuestros amigos mediante comportamientos agresivos, tener pensamientos violentos, reprocharnos excesivamente por nuestros errores o falta de cualidades.

Uno de los consejos que encontré en estos foros, y que fue el más útil para mí, recomendaba que si sentimos un impulso de hacernos daño, podemos tomar un plumón y escribir mensajes o hacer dibujos sobre nuestra piel. Los mensajes deben ser de apoyo y de ánimo, decirnos que que todo estará bien o dibujarnos flores o cosas que nos tranquilicen sobre la piel.

Dañarse no es la solución

No soy psicóloga, pero quiero decirle a alguien que si ha pensado en autolesionarse, no lo haga. Hay muchas formas para canalizar esos varios pensamientos en cosas positivas, hay maneras de pedir ayuda: hay terapia, hay medicinas, hay grupos de apoyo, hay amistades, hay lecturas, hay expresiones artísticas, hay otras posibilidades.

Recomiendo que si te quieres lastimar, primero: hables con una amiga cercana o alguien a quien tengas confianza, escribas sobre cómo te sientas y qué te ha llevado a esa sensación, grites en un espacio donde nadie pueda oírte, salgas a correr a un parque o a un lugar cercano, pégale a una almohada, toma una ducha fría, busca alguna distracción como ver una película o leer un libro. Recuerda, sobre todo, que autolesionarte no es la solución a tus problemas. Posiblemente los agrave ya que después de sentirte bien por unos segundos luego te vas a sentir culpable.

Si ya lo hiciste, quiero decirte que nuestras cicatrices no nos definen. No nos definen nuestras debilidades ni nuestras enfermedades ni nuestros miedos. Tenemos muchas más cosas que nos construyen y otras personas lo entenderán.

No romanticemos la autolesión, no es bonito, no es padre, no se ve bien. Es un comportamiento dañino y como tal hay que combatirlo con alternativas saludables. Otra cosa que aprendí en este tipo de foros es que muchas personas que se lastiman quieren dejar de hacerlo, pero no saben cómo combatir ese impulso. Digamos que en este sentido es un comportamiento adictivo. Después de hacerlo hay sentimientos de culpa y miedo de que se repitan las circunstancias que provoquen el deseo de dañarse.

Recuerden que no todas las personas que se autolesionan tienen cicatrices o maneras de hacerlo evidente. Seguro conocemos a una persona que se lastima pero lo hace a escondidas y la mayoría no son abiertas respecto a ese tema.

Foto de la autora. / Tatuaje: María José Ch. (@ajoconeme).

Ahora ya no tengo ganas de dañarme, tengo ganas de ser más fuerte, de ayudar a otras personas, específicamente chicas que seguro atraviesan por lo mismo que yo. Si alguna vez conoces a alguien con cicatrices te recomiendo que no juzgues a esa persona, no sabes por lo que ha atravesado.

Además, es mucha falta de sensibilidad preguntarle, especialmente en público, por qué tiene cicatrices o “qué le pasó”. Si te estás involucrando emocionalmente con alguien que tiene cicatrices, también espera el momento justo para hablar del tema, con empatía y no juzgarle antes de tiempo. Afortunadamente mis amigas y mi pareja han sido personas que han visto más allá de mis cicatrices y que sé que ya ni siquiera se preguntan del tema o les importa.

Aún me incomodan mucho las miradas de los que me ven por primera vez, seguro piensan cosas terribles de mí, pero sé que no soy eso. Tal vez solo me faltaba información sobre lo que son las enfermedades mentales, sobre cómo curarlas y no estigmatizar a quienes las sufren como “locos”, “anormales”, “raros”, reconocer que todos somos humanos y tenemos derecho a buscar ayuda médica para lidiar mejor con nuestros problemas si lo necesitamos.

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