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Migración, mujer y arte: entrevista a Claudia Riquelme Barbera

CRÓNICA VIOLETA – Experiencias de mujeres migrantes

Crónica Violeta es un espacio de diálogo sobre la migración de mujeres para abordar y abrir nuevos itinerarios, nuevas búsquedas y caminos que  nos signifiquen ampliar conexiones en los procesos de cambio y de movilidad.  La experiencia migratoria de mujeres también está marcada por recurrentes estereotipos, unos velados y otros bien identificados, que pocas veces son expuestos.

“Tuve que irme lejos para encontrarme a mí misma”.

Desde muy niña tuvo la idea, la necesidad de irse, dejar la familia, dejar lo conocido y partir. Por eso estudió alemán e inglés con ahínco en la escuela; cuando viajó por primera vez siendo adolescente cumplía con esa necesidad, con ese sueño y le gustó la sensación. Después de licenciarse en Artes Visuales y Pedagogía en Artes Visuales tuvo la ocasión de vivir en el exterior, no cabían dudas, ese era el momento para partir.

Con una mirada bastante pragmática, Claudia inició su vida en Alemania, porque tenía claro que su país no le ofrecía mucho por ser mujer y artista.  

Imagen: Claudia Riquelme.

“Las mujeres somos miradas en menos por ser artistas, se cree que es una carrera que estudias para después casarte y criar a hijos y quizás pintar con ellos, pero no es vista como una carrera seria, es una carrera complicada tanto para hombres como para mujeres”.    

En el mundo artístico también se replican pautas discriminatorias, por ejemplo, es normal que los hombres expongan más y alcancen puestos en galerías, donde las mujeres tienen menos oportunidades, entre otros motivos, debido a  la latente posibilidad de ser madres. Al ser madres es más difícil sostener el ritmo de trabajo y luego el volver a este mundo competitivo y hostil. 

Claudia sabía que el arte en Alemania era muy apreciado y que el trabajo artístico de las mujeres era valorado, ella deseaba verlo por sí misma, e inició su carrera artística en este país. Dentro de su experiencia indica que nunca se sintió discriminada por ser mujer y que con su obra encontró un lugar.

El reconocimiento a su obra no partía del calificativo “qué lindo”, porque al ser mujer corresponde hacer cosas bonitas, para entretenerse, sino que era apreciado por sí mismo. En el nuevo país que habitaba encontró la libertad que requería para crear, incluso crear obras que podrían ser consideradas toscas, demasiado oscuras y poco femeninas en el uso del color y las formas. Tenía la libertad de crear sin los prejuicios a los que estaba acostumbrada en Chile. 

Imagen: Claudia Riquelme.

 “Tuve esa libertad de no ser mirada como bicho raro, que es lo que yo sentía que me sentía cuando volvía a Chile y mostraba mis obras. Viviendo en Alemania, me sentía cómoda exponiendo mis obras y en mi propio país, extranjera“.

La decisión de abandonar  lo conocido, a la familia, los amigos, incluso lo que el país de origen puede o no ofrecer, se proyecta como un gran peso emocional para la persona que migra, donde el tiempo y la distancia adquieren otra dimensión.  Entonces ¿cómo migrar con la obra? En el caso de Claudia significó dejar un país que la reconoce como mujer artista y donde creó lazos y vínculos fuertes para volver a su lugar de origen.

 “Tú te vas y sientes que estuviera el tiempo detenido, pensaba ingenuamente que al volver las cosas iban a estar relativamente igual a como las habías dejado, pero la gente avanza, pasan un montón de situaciones y cuando regresé, ya no encajaba”.   

El regreso a Chile luego de cinco años viviendo en el exterior tuvo sus efectos.  Claudia dejó de crear por un año y se dedicó a la docencia en arte y muy pronto se vio involucrada en situaciones de discriminación, se dio cuenta del significado de ser una mujer e intentar ser artista en este medio. Ella sintió que había perdido la vinculación con su país.   

Una residencia artística en una isla fue el espacio que  le permitió reencontrarse con su país, encontrarse a sí misma, este” irse lejos” fue una invitación para crear y advertir que su obra también cambió, su expresión desde la introspección se mudó y adquirió un tono más político. Asumió una mirada territorial distinta en un país donde la discriminación de género y violencia es muy fuerte. La madurez va de la mano con la mujer artista y su obra comienza a expresarse de otra  forma y a tomar una posición frente a lo que está sucediendo en el mundo, siendo su arte una herramienta maravillosa para poder luchar.

“Mi obra comenzó a tener un carácter político y feminista, que es en lo que trabajo hoy en día, porque me parece coherente comenzar por lo que me identifica directamente”.

Uno de los elementos recurrentes en la obra de Claudia es el bordado, que considera una actividad muy femenina. Con su obra rescata la importancia del bordar, porque es a través del bordado que las mujeres podían expresar sus problemas, sentimientos o relatar historias que no podían ser discutidas abiertamente en una sociedad machista. 

Para ella es una manera de reflexionar sobre la lentitud, de mostrar que es tan importante lo que está rescatando y recopilando, que es digno de bordar, para entonces invitar al espectador a detenerse a observar. 

Imagen: Claudia Riquelme.

“En el mundo, 16 millones de niñas, que corresponde a la población de Chile, no acceden a la educación, los motivos son: pobreza, porque a muy temprana edad tienen pareja o son madres, trabajan o atienden otras labores“.

En Chile como en el resto de Latinoamérica la violencia de género se normaliza y ahora Claudia lo vivía como una constante, podía mirar de cerca violencia de todo tipo. En cada ambiente sea laboral, familiar o de amigas se encontraba con historias de mujeres e identificaba casos de violencia de género y discriminación. En su necesidad de visibilizar esas vivencias crea Relatos Anónimos, donde su intención es mostrar con respeto esas historias, para que no sigan sucediendo. A futuro desea contar con relatos de mujeres de países que no sean de habla hispana. La acogida a esta obra ha captado el interés de muchas mujeres que desean participar y ser escuchadas, porque que ya no quieren guardar más silencio.

 “Cuando comienzo a trabajar sobre este tema que  todos sabemos que existe pero normalizamos, me doy cuenta que no hay ninguna mujer que te pueda decir que nunca se ha sentido discriminada en su vida solo por el hecho de ser mujer y que es necesario despertar y alzar la voz“.

CLAUDIA RIQUELME BARBERA 

Licenciada en Artes Visuales y Pedagogía en Artes Visuales.

Profesora de enseñanza media del Colegio Luis Cruz Martínez de Belloto Norte

Su obra ha sido expuesta en Alemania, Bélgica, Bulgaria, Chile, Brasil e Italia. Puedes ver su obra en su Instagram.

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