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Princesas

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Fui víctima de una única historia respecto al camino que lleva a las mujeres a la felicidad. 

Los cuentos de hadas me educaron con una Cenicienta que tuvo que lavar, sacudir, fregar, cocinar y teñirse de hollín para granjearse la misericordia de una poderosa hada. Quien, llena de lástima, le abrió la puerta de un camino de bailes y palacios que habría de andar sobre zapatillas de cristal. Emergió de las cenizas como un fénix. Salvada de las garras de sus rivales, enemigas despiadadas luchando por el preciado amor del príncipe. No hermanas, sino rivales. No una madre, sino un verdugo. Sola, hasta ser abrazada por el bueno y moralmente superior: príncipe.

Las telenovelas de Televisa me mostraron que la pobreza se soportaba con resignación. Humillándose se lograba pulir las virtudes hasta que ese fulgor cegador encantara al heredero de la familia de alcurnia. Un hombre con dos nombres, poderoso y piadoso a la vez, inmune a la belleza frívola. Enrique Alejandro elevaría a María, la llevaría en sus brazos al altar para jurarle amor eterno ante Dios mismo, para así conferirle el merecido título de “Señora de la Casa”. De nuevo las rivales más despiadadas serían otras mujeres.

Hollywood por su parte me mostró a las pretty woman’s, mujeres cuya belleza interior es superior a la exterior, esperan a ser descubiertas para cumplir su misión de revelar la generosidad del corazón del inversionista millonario. Una noche de pasión ardiente de fuego redentor. Esa mujer conquista el Everest sentimental, aparentemente inaccesible, con la magia de su perfecta y enorme sonrisa, enmarcada por una melena de rizos incontrolables, su verdadero valor quedará al descubierto al retirar la barata minifalda de licra y los tacones excesivos. Camuflaje, tan solo otra versión del hollín para mantener el tesoro a salvo.

Docilidad y resignación. Honestidad y humildad sin límites. El verdadero amor justifica el tortuoso camino. La marginación, la ignorancia, el maltrato tan sólo son pruebas que el camino ofrece para demostrar el verdadero temple.

Una única historia, donde la doncella pobre y honesta es salvada por el príncipe azul. Con esa única y falsa historia fuimos lanzadas a la vida, preparadas para aguantar ser pisoteadas, negando el éxito por méritos propios, porque alejaría al amado. Desconfiando de otras mujeres, rivales astutas capaces incluso de ofrecer falsa ayuda. 

Solas, empequeñecidas, sepultadas por escombros, esperando pacientes, el romántico final capaz de dar sentido a esa triste historia.

No vimos, ni leímos historias de mujeres que se construyen a si mismas. Que se salvan de sus príncipes violentos con astucia y tenacidad. Que cuentan con sus hermanas, amigas, compañeras para sortear los retos de la vida. 

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