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Rompo el silencio

Rompo el silencio

Genessa Panainte FemFutura

Rompo el silencio. La vida corre profunda por raudales rojos e intensos. Pasa ante mí. No me detengo. Los ríos penetran mis entrañas. Me revuelven y me carcomen por dentro. El calor envuelve cada órgano, cada hueso y busca salir por la última vértebra en el triste camino hacia mi espina dorsal. 

Ahí, en ese punto, explota. El big bang se convierte en un frágil haz de luz. Sale desde abajo de mi cuello. Le da vueltas. Sube por mi cara, mi cabeza, y vuelve a bajar para amarrarme. No cesa. No consigo apaciguarlo, apaciguarme. No consigo hacer que deje de bailar… que deje de alegrarse. 

Y grito. En ese grito sale la rabia contenida de aquel que un día en que tuvo una ilusión. Sale el vómito negro-verduzco que apaga al fin el hilo dorado que me estaba consumiendo. Continúo gritando, y continúa saliendo. 

Vomito todo lo que hay en mi pecho. Vomito el hígado, el estómago y el intestino grueso. Vomito el útero, el ovario izquierdo. Vomito después incluso hasta mi sexo; y las mil y un veces que él me tocó sin mi consentimiento y las que aquel otro tuvo sexo conmigo sin que yo quisiera o sintiera placer. Las veces que me gritaron en la calle, las que me amarraron en la escuela para tocarme, las que me asaltaron, las que me hirieron, me violaron, me lastimaron. Las veces que me mataron. Las veces que me maté. 

Vomito el enojo, la rabia, la ira. No me puedo detener. Mi vida será un eterno vómito verde, oscuro, negro… hasta que consiga sacar todo lo que me detiene, todo lo que está contenido en mí. Seguiré vomitando hasta que en vez de rabia salga un sonido del pecho, y entonces logre decirles: No más. Ya no más penas, ya no más odio, ya no más rabia. No más dolor. 

Cuando acabe la rabia, cuando la haya enviado al mundo, a aquellos a quienes les toca… entonces podré avanzar, respirar profundamente, y – con una sola exhalación – hablar.

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